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sábado, 3 de octubre de 2015

Los nombres de mañana

Ficciones para una autobiografía de Angeles Mora (Bartleby, 2015)
 
Se puede escribir una autobiografía cuando ni siquiera tenemos certeza de quién somos? ¿Se puede decir yo con la garantía de estar hablando de uno mismo? ¿Se puede escribir sobre lo que fuimos en el pasado si lo único que permite establecer una continuidad entre lo que fuimos y lo que somos es nuestro nombre propio? ¿Somos quienes fuimos? ¿Cómo escribir desde la memoria si esta en vez de traernos al presente el pasado ha convertido en ficción nuestra experiencia? Estas preguntas laten tras cada verso, cada estrofa, cada poema de Ficciones para una autobiografía, el último poemario de Ángeles Mora.

La poesía de Ángeles Mora habla de la dificultad de decir yo soy. Porque nuestra identidad no es sino la contradicción entre lo que queremos ser, y para lo cual conquistamos espacios de libertad al margen de la explotación capitalista, y lo que realmente somos, individuos cuya subjetividad está atravesada por el capitalismo. La poesía de Ángeles Mora se configura por medio de una constante tensión entre el adentro y el afuera. El mundo exterior invade nuestro interior, nuestra subjetividad, coloniza nuestros pensamientos, ata nuestras manos, imposta nuestra voz y escribe con nuestras palabras. La escritura es un espacio de lucha, de resistencia ante el exterior que inocula nuestro inconsciente. El lugar para tomar conciencia de que la ideología es «como esa mancha que no sale del vestido».

No es posible escapar, pero sí buscar refugios. Habitaciones propias, la soledad o, por ejemplo, la noche. La noche, símbolo de libertad, metáfora del lugar que tenemos que conquistar para decir yo sin interferencias. Si el día es el tiempo del trabajo y las servidumbres, de planchar la ropa y poner la mesa, la noche es el refugio para la lectura y la escritura, un intento de escapada de la explotación, una posibilidad para decir yo soy. Aunque el día amenaza con volver con su explotación cada amanecer, con la luz del día «juro que mi derrota no es definitiva», cuando «ha llegado la hora / de cerrar la ventana» y «suave es la noche / todavía».

Pero la luz del día termina franqueando la ventana como el capitalismo atraviesa nuestra subjetividad. No es posible vivir eternamente en la noche o con las ventanas cerradas. El exterior finalmente nos invade y nos devuelve a la realidad. La poesía acaso no sea otra cosa que el juego inocente de los niños que, cuando imaginan mundos en el que son héroes y funcionan al margen de las normas que imponen los adultos, creen que habitan un mundo en verdad distinto. Pero la fantasía termina y la realidad vuelve a colocar a cada uno en su sitio. Así dicen los versos de «Adiós muchachos (Aprendiendo a aprender)»:
«Podíamos pasar la tarde / juntos como si fuéramos otros, / mezclando historias infinitas / con infinitas riñas, / gritos y arreglos / pacificadores. // Jugábamos a solas, / lejos de la mirada de los mayores, / como si no existieran / en nuestro espacio aparte. / Como si tras la puerta falsa / nos olvidase el mundo. // Pero éramos nosotros / los que no olvidábamos ese mundo / grande a nuestros ojos, ajeno / aunque empapándonos por dentro. // A solas, pues / –creíamos ilusos– / con campo propio de batalla, / señores de la historia / cada hora arrebatada al tiempo de los mayores, / al ritmo impuesto de las cosas, / con orgullo inconsciente. // Y sin embargo / nuestro precioso reino escondido / no era, al fin y al cabo, / más que el patio trasero de la casa / y nosotros heroicos fantasmas, / reflejos infinitos, / tan felices como infelices, / con el fuego de la ingenuidad. // Y así pasábamos las tardes, / aprendiendo a aprender / en un mundo de fábula, / aprendiendo a ser nadie».

Este poema bien podría haberse titulado «Poética». La poesía de Ángeles Mora se sintetiza muy bien en estos versos. Aunque creamos que el capitalismo queda fuera de nuestro refugio, sigue empapándonos por dentro (habita en nosotros), e igual que los niños creen –ilusos– que con su juego le arrebatan horas al tiempo de los mayores, nosotros creemos arrebatarle tiempo al capitalismo cuando construimos nuestro espacio en la noche, en las habitaciones propias, en la memoria. Pero las puertas, como las ventanas que se cierran para custodiar la noche, son falsas, y nuestro refugio no es más que un patio trasero de la vida.

La poesía es lucha y en la noche vive su retaguardia. No hay que menospreciar los espacios de libertad conquistados, los lugares de resistencia, los patios traseros donde podemos fantasear que somos libres y que arrebatamos tiempo al capitalismo. Porque, como cuenta «Palabras nuestras», otro poema imprescindible de Ficciones para una autobiografía, «...se acercan lentamente, / palabras nuestras, pálidas, / pues vienen de la noche. // Como el crujir de unos zapatos / hundiéndose en la arena / han de llegar abriendo / un día la mañana /.../ Germinan bajo tierra / donde la historia, poco a poco, / esparce sus semillas /.../ Y ellas florecen / allá donde se pierde el horizonte / abandonando sombras, / abriéndose en cascadas / repetidas / cristales de la noche, / con esa música secreta / que esconden / los nombres de mañana».

La poesía de Ángeles Mora convoca esas palabras nuestras que vienen de la noche, de una noche cultivada para el pensamiento y el ejercicio de la escritura en libertad. Los versos que habitan estas Ficciones para una autobiografía esconden las voces que nos traen los nombres de mañana, que acaso sean emancipación, igualdad y lucha.
David Becerra Mayor // Mundo Obrero, nº 286-287 (julio-agosto 2015). Fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=5020 

miércoles, 24 de junio de 2015

Poesía ante la crisis



 Dice Terry Eagleton en Cómo leer un poema (Akal, 2010) que la poesía es un género en sí mismo subversivo. El hecho de que el verso no alcance el final de la línea, de que un poema requiera una lectura lenta y reposada al margen de las prisas que impone la ciudad capitalista y de que exija un cambio de registro que desplaza lo real hacia lo simbólico, resulta suficiente, en opinión del crítico inglés, para inferir que el poético es un género que se resiste, por su propia forma, a ser asumido o devorado por el mercado capitalista.
            Sin embargo, por mucho que el verso no alcance el final de la línea, no siempre la poesía ha sido subversiva. En ocasiones, ha sido incluso todo lo contrario. La poesía es subversiva solo si se lo propone, si persigue conscientemente, golpe a golpe, verso a verso, cuestionar y aun contrarrestar la hegemonía del capitalismo. Es el caso de algunos de los poemas que se reúnen en distintas antologías que, al calor de la crisis, se han publicado en el último año. En legítima defensa (Bartleby, 2014), Marca(da) España (Amargor, 2014) y Disidentes (La Oveja Roja, 2015) son tres poemarios que comparten una voluntad crítica frente a la realidad. Pero también existen algunas diferencias que conviene subrayar.
Resultado de imagen de disidentes antologiaDisidentes es una antología de «poetas críticos contemporáneos», como así reza su subtítulo, preparada por el crítico literario y también poeta Alberto García-Teresa. Disidentes agrupa en sus páginas a los poetas más relevantes de la llamada «poesía de la conciencia crítica». En un ensayo anterior –titulado precisamente Poesía de la conciencia crítica (Tierradenadie, 2013)– García-Teresa subrayaba que la «principal característica de la “poesía de la conciencia crítica” consiste en que estos poetas sitúan el conflicto socioeconómico y político que atraviesa la actual coyuntura histórica en el centro y en el eje (implícita y explícitamente) de su creación poética, manifestándolo de una manera crítica». Sin embargo, añade el autor, esta corriente no se expresa por medio de una única opción estética, sino que se reconocen en ella una gran variedad de tonos y registros. La heterogeneidad de las propuestas estéticas, que teorizó García-Teresa en su ensayo, se ejemplifica ahora en una suerte de muestrario poético, que permite conocer lo que significa esta corriente mediante la lectura directa de sus versos.
Disidentes no es un libro de coyuntura, un libro sobre la crisis; es más bien una antología que cuestiona las estructuras de un sistema económico que, por su propia dinámica, hace del mundo un lugar menos habitable, menos justo, menos lugar. Poetas como Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Antonio Orihuela o María Ángeles Maeso, máximos representantes de la corriente de la «poesía de la conciencia crítica» desfilan por las páginas de Disidentes.
Por su parte, Marca(da) España es algo más que un poemario. Es un libro compuesto por fotografías de Reiner Wandler que recogen instantes de  lucha e indignación vividas en España en los últimos años, desde el 15M hasta hoy. Cada una de las fotografías de Wandler se acompaña de un poema escrito por poetas de corrientes y sensibilidades distintas. Algunos poetas de la denominada la «poesía de la conciencia crítica» conviven, en estas páginas, con otros que, si bien no se incluyen en la corriente señalada, sí producen una poética igualmente crítica. Es el caso de poetas como Óscar Curieses, Laura Casielles o Ángel Guinda. El prólogo de Marca(da) España corre a cuenta de Santiago Alba Rico que define el libro como una «muestra de las marcas tristes que deja la marca España, pero también la rabia viva que se rebela contra ella».
Resultado de imagen de marca(da) españa poesía
Como Marca(da) España, En legítima defensa (poetas en tiempos de crisis) es un poemario sobre la crisis, donde –a diferencia de lo que ocurre en un menos coyuntural Disidentes– los versos están más íntimamente ligados a la actualidad inmediata. En legítima defensa, si bien reúne algunos poetas de la corriente de la conciencia crítica como Matías Escalera, Gsús Bonilla o Isabel Pérez Montalbán, junto a otros que si no son de esta corriente sí están muy próximos a ella, como Felipe Alcaraz o Marta Sanz, incluye asimismo a poetas como Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, José Manuel Caballero Bonald o Manuel Rico, más alejados de una propuesta poética abiertamente crítica, en los términos referidos. Tal vez por ello, en su conjunto, En legítima defensa sea un poemario que se escribe no desde la necesidad de dar la batalla para ganar un mundo, sino desde el lamento que nace de la pérdida del viejo mundo que se marcha. En este poemario late cierta nostalgia por el mundo que habitábamos antes de que la crisis se lo llevara por delante. El tono, y el título en este sentido es transparente, no muestra una clara voluntad de ir a la ofensiva, sino de resistir, de defenderse, ante la agresión de los de arriba. No obstante esto, En legítima defensa resulta a todas luces interesantísimo porque atrapa un estado de ánimo, porque evidencia que, casi como por un imperativo de la época, resulta imprescindible comprometerse, bajar al barro y mancharse, también desde la poesía, desde aquella poesía más intimista y más alejada del compromiso político y social.
Quizá la poesía no sea un género en sí mismo subversivo. Pero, lo que es seguro, es que los versos que integran estos poemarios sí lo son. Y eso que, en algunos casos, los versos incluso llegan hasta el final de la línea.  

David Becerra Mayor // La Marea, nº 25 (marzo, 2015), pág. 52.