
Sus padres acaban de morir en un fatídico accidente de tráfico en
circunstancias poco claras. Fernando, el Búho o el Estaquirot, que así
se llama indistintamente nuestro protagonista, recibe la noticia desde
su retiro en Marruecos, donde vive despreocupado, escondiéndose del
mundo tras una cortina de humo de cachimba o hachís. La muerte, por
mucho que se empeñen los poetas medievales, no es igual para todos; y
Fernando, al morir sus padres, no sólo se convierte en huérfano, sino
también en heredero de una fábrica de zapatos que sus progenitores
poseían en la zona levantina. El heredero, disperso y malcriado, tiene
que dejar atrás su vida apacible e irresponsable y regresar a España
para hacerse cargo del negocio familiar. Así empieza la última novela de
Javier Mestre,
Made in Spain (Caballo de Troya).
Cuando pisa y reconoce la fábrica, Fernando descubre un mundo que se
desmorona. Las máquinas descansan de los ritmos de producción de otras
épocas, cuando se fabricaban tres mil pares de zapatos y salían de los
almacenes cajas repletas de calzado para distribuir por todo el
territorio nacional. Las circunstancias han cambiado. En el capitalismo
avanzado, donde el mercado laboral se ha globalizado, las industrias
locales no pueden competir, en duelo tan desigual, con las empresas que
han deslocalizado su producción para reducir costes y obtener precios
más competitivos. El nuevo escenario económico no parece ofrecer más
alternativa que el cierre de la fábrica o la reinvención de la
acumulación primitiva del capital, esto es, lograr la máxima obtención
de beneficio a través de prácticas laborales ilegales, llevando el
grueso de la producción a la economía sumergida, a talleres clandestinos
donde los trabajadores no son dados de alta en la seguridad social ni
sus salarios alcanzan para llevar una vida digna.
Sin embargo, nuestro protagonista prefiere obviar ese escenario e
inventar uno propio, construir una alternativa a aquellas que la
realidad y el sentido común –siempre ideológicamente construido– parecen
imponerle como posibilidad única. Fernando decide gestionar la fábrica
de un modo más humano, empezando por regularizar la situación laboral de
sus empleados, y en vez de recortar el salario de sus trabajadores para
producir mercancías cuyo precio se adecue a los que marca el mercado,
opta por renunciar a los siempre altos márgenes de rentabilidad que el
empresario se asigna. Fernando, en definitiva, quiere poner a funcionar
un capitalismo bueno. ¿Lo logrará? ¿Es posible un capitalismo con rostro
humano?
Made in Spain cuenta la historia de una imposibilidad. Porque a
su protagonista el tiro le sale por la culata cuando pretende construir
un capitalismo bueno. No es que no sea posible un capitalismo bueno, es
que el capitalismo es, en sí mismo, la antítesis de la legalidad. Un
sistema económico que se basa en la corrupción y en la explotación es,
por definición, incompatible con la ley. El intento del protagonista de
Made in Spain
de hacer funcionar un capitalismo desde concepciones humanistas no
puede sino estar abocado al fracaso desde el principio mismo. Luego, la
novela no puede sino conducirnos hacia un final fatal. Podrían
reconocerse los ecos de una fatalidad de tragedia clásica en la novela
de Javier Mestre, e identificar a nuestro protagonista como un héroe
trágico incapaz de escapar de un destino marcado de antemano. Pero
Made in Spain
no habla de tragedias ni de héroes, y del único destino del que no
puede escapar Fernando es del capitalismo. El capitalismo no puede
corregirse, tiene que superarse; de lo contrario, medidas como las que
propone el protagonista de la novela de Mestre no podrán sino
frustrarse. Porque en el capitalismo, todo aquello que no persiga la
máxima rentabilidad está de inmediato condenado a la inexistencia. O
cambiamos el sistema, o nada de eso será posible.
La nueva novela de Javier Mestre se inscribe en lo que cada vez con más
fuerza, y seguramente con más oportunismo que oportunidad, se está
denominando como ‘novela de la crisis’. Sin embargo,
Made in Spain,
a diferencia de otras (de muchas otras; casi todas) sí merece tal
calificativo. Porque, como se apunta en la siempre sugerente
contracubierta de Caballo de Troya, ahora que «se habla mucho de novela
social, en cuanto aparece un pobre, un precario, un desahucio o un
maltrato, hasta los críticos más académicos se nos ponen sentimentales. A
ver si hay suerte y esta novela cuela en la moda. Aunque mucho me temo
que no lo tiene fácil, porque esta novela habla de lo que hablan las
verdaderas novelas sociales: de la lucha entre el capital y el trabajo. Y
en directo, con las plusvalías al aire y sin paños ni apaños
sentimentales».
Made in Spain señala con el dedo al capitalismo, pero no se
conforma con mostrarlo, además lo explica. Porque, a veces, aunque no lo
parezca, también se puede hablar de capitalismo en literatura, sin que
por ello se pierda por el camino eso que llaman –y casi nadie ha
definido– calidad literaria.
David Becerra Mayor // Publicado en Mundo Obrero, nº 274-275 (julio-agosto, 2014)