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lunes, 27 de julio de 2015

“Estamos ustedes” o las luchas de resistencia en Estados Unidos


Un joven profesor español, que llegó a Atlanta a mediados de los años noventa, entra en el aula, seguramente algo nervioso. Es su primer día de clase. Quizá tenía previsto un discurso o unas palabras breves con las que inaugurar el curso, su estreno como docente. Pero al cruzar el umbral de la puerta, descubre una situación que no había podido imaginar: todos los estudiantes afroamericanos se encuentran sentados en una esquina del aula y todos los blancos en la otra. Una simbólica «línea de color» segrega a los estudiantes universitarios. Acaso con la soberbia del ignorante, tal vez por sentirse moralmente superior a ellos, este inexperto y joven profesor les dice a sus estudiantes: “Ahora mismo se acaba esta situación, se tienen que mezclar entre ustedes porque yo no pienso tolerar una situación de apartheid en mi clase, porque esto no es Sudáfrica y Mandela hace tiempo que salió de la cárcel”.
04_01_InsurgenciasEste joven profesor –hoy un reputado hispanista en Estados Unidos– es Luis Martín-Cabrera, profesor de la Universidad de California-San Diego, colaborador de rebelion.org, y autor de Insurgencias invisibles. Resistencias y militancias en Estados Unidos (La Oveja Roja, 2015), un ensayo que permite interpretar esa situación que el joven profesor encuentra en el aula, explicar los motivos por los cuales nadie estaba dispuesto a cruzar la simbólica línea, ni los blancos ni los negros; un ensayo que buscar responder por qué, cuando el profesor pronunció aquella frase, un estudiante afroamericano se levantó de su silla, miró mal encarado al profesor, salió del aula y nunca más regresó.
La experiencia y el tiempo, y su militancia en los movimientos afroamericanos y chicanos, le permiten a Martín-Cabrera entender qué sucedió aquel día. No es que solamente los blancos quieran distanciarse de los negros –que evidentemente ocurre–, también los negros rechazan mezclarse con ellos. Ven al blanco como una amenaza por la violencia simbólica que ejerce y ejecuta cada día sobre la población de color. Estar al lado de un blanco implica poder ser denunciado –sin una base sólida– en cualquier momento (y la ley siempre niega el principio de presunción de inocencia cuando se trata de un negro). El blanco observa al negro como un intruso en lo que considera sus lugares de privilegio y poder, como puede ser la universidad o, más ampliamente, un barrio o una ciudad; y usa su poder para desplazarlo de lo que considera su territorio. La presencia del negro amenaza su status y, para protegerlo, modifica la violencia física de antaño por una nueva violencia, acaso simbólica, pero no por ello menos real. Los negros, para no sufrir el desprecio blanco, su violencia racista, no tienen más remedio que construir sus propios espacios, sea la ciudad, sea en un aula.
Aunque desde el año 2009, cuando Barack Obama fue investido presidente, viene hablándose en Estados Unidos de la entrada en una etapa histórica post-racial (que un negro se proclame presidente significa que el racismo ya forma parte del pasado, argumentan), lo cierto es que desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Obama la población afroamericana no ha conocido mejor suerte. Más bien todo lo contrario. No solo se ha incrementado la violencia contra las minorías de color en Estados Unidos sino que además han aumentado la pobreza, el desempleo, la malnutrición o la falta de acceso a la educación, o a servicios médicos adecuados en los barrios de color segregados de las grandes ciudades estadounidenses; así como también se ha registrado un crecimiento desproporcionado de encarcelamientos de personas de color y de asesinatos de personas afroamericanas. La violencia racista está a la orden del día.
Insurgencias invisibles, sin embargo, no ofrece simplemente una descripción de lo inadecuado del sintagma “sociedad post-racial” para explicar la actualidad política y social de los Estados Unidos. Martín-Cabrera no se conforma con el análisis; se introduce en las organizaciones políticas de resistencia y liberación afroamericanas para, desde su interior, siendo uno de ellos, no solo ofrecer una explicación al lector, sino también participar activamente como militante en sus organizaciones para, junto a ellos, luchar por su emancipación. Como buen lector de la famosa tesis 11 de Karl Marx, Martín-Cabrera no pretende únicamente explicar la realidad sino también transformarla.
Debido a que su trabajo y su vida se desarrollan en San Diego, California, Luis Martín-Cabrera conoce asimismo de cerca los movimientos chicanos en la frontera entre San Diego y Tijuana. Una frontera que es, como dice la escritora chicana Gloria Anzaldúa, una “herida abierta donde el tercer mundo se roza con el primero y sangra”. Una herida que no cicatriza por las asimetrías de poder entre Norte y Sur, donde con solo recorrer unos pocos metros, señala Martín-Cabrera, “se pasa de la opulencia del primer mundo a la miseria del tercero”. Una frontera que constituye una “estructura neocolonial de dominación que permite a Estados Unidos seguir canibalizando los recursos y la fuerza de trabajo de México”. Pero la frontera no es solo ese lugar físico, esa línea trazada entre San Diego y Tijuana; la frontera está en todas partes y en cada uno de los inmigrantes que viven sin documentación en Estados Unidos: la frontera es el miedo a ser deportado, la frontera es la pérdida de la identidad –un idioma y una cultura propia– para ser asimilado por la estructura de dominación, también simbólica, imperialista.
Insurgencias invisibles persigue, además, un propósito todavía más interesante, si cabe. El libro es también una reflexión sobre la escritura revolucionaria. Luis Martín-Cabrera no quiere reproducir ese tipo de escritura académica que cree que por hablar de la pobreza se resuelven los problemas asociados a la pobreza, ese discurso teórico donde las palabras suplantan a las cosas; Martín-Cabrera tampoco quiere que su escritura sea una forma de dar voz a los sin voz, como si asumiera un gesto paternalista. Martín-Cabrera quiere ser parte de esa inteligencia revolucionaria, no hablar sobre las insurgencias, sino formar parte los movimientos insurgentes: “no busco acompañar ni hablar por quienes luchan a pie de calle, aspiro a escribir desde dentro, desde el interior mismo de las luchas, codo a codo, como un participante más, sin borrar mis privilegios letrados, pero sin ceder a las tentaciones antropológicas de quienes pretender saber más que los propios oprimidos”. El autor busca diluirse en lo colectivo, borrarse, desaparecer; porque, según apunta, “la verdadera escritura revolucionaria debería abolir la firma y el nombre, y los libros deberían ser como las grandes alamedas de Allende y dar paso a un sujeto colectivo y liberado también en la escritura”. Este es uno de los grandes objetivos que persigue Insurgencias invisibles, y lo logra a través de una escritura heterogénea donde ensayo, crónica y entrevistas se entremezclan para que el autor, dando un paso atrás, deje emerger las voces de los que luchan y lucharon.
El libro de Luis Martín-Cabrera ofrece, además, una nueva visión de Estados Unidos; una visión no estática ni detenida, sino de plena ebullición de luchas políticas de resistencia y emancipación. Frente a la ideas preconcebidas sobre Estados Unidos como “un siniestro basurero capitalista poblado de obesos blancos e ignorantes que desconocen las nociones más básicas de geografía, política o cultura general”, ideas incluso alimentadas por autores como Vicente Verdú en El planeta americano (1997) o Jean Baudrillard en América de (1986), Insurgencias invisibles –sin negar que lo anterior contenga una parte de verdad– ofrece un retrato de Estados Unidos en el que todavía queda espacio para la lucha, en el que todavía las organizaciones sociales y políticas se movilizan para transformar su realidad, para enfrentarse al capitalismo y al imperialismo (exterior, pero también interior). Martín-Cabrera se pregunta, junto con los movimientos insurgentes, si en Europa “¿sabrán que estamos aquí? ¿Se podrán imaginar fuera de Estados Unidos que haya gente aquí que resista y luche?”. Contra el tópico de una sociedad pasiva y detenida, de una sociedad estática donde ya no es posible la lucha por la emancipación, Luis Martín-Cabrera nos trae estas Insurgencias invisibles para que, desde la distancia oceánica que nos separa, podamos conocer los movimientos políticos y sociales que en Estados Unidos luchan por su liberación. Insurgencias invisibles es una forma de gritar “¡estamos aquí!”, o como dirían los zapatistas: “estamos ustedes”. Si llegamos a oírlos, tal vez entenderemos que su lucha también es nuestra lucha.


David Becerra Mayor // Crónica Popular (29/06/2015). Fuente: http://www.cronicapopular.es/2015/06/estamos-ustedes-o-las-luchas-de-resistencia-en-estados-unidos/

"Año tras año" de Armando López Salinas

Cuando Armando López Salinas obtuvo el Premio Nadal en 1959 y publicó La mina en la editorial Destino en 1960, ya había escrito una primera novela. Año tras año, que así se titulaba su primera novela, que vino a ser segunda, había sido aceptada por la editorial Seix Barral, pero su publicación fue denegada por la censura. El expediente 3458-61 notifica que «no procede su publicación» a causa de atentar contra el régimen y sus instituciones, según reza el informe del censor. En las casillas dispuestas para incluir información adicional, más detallada, el informe añadía que «la obra es claramente FILOCOMUNISTA». Finalmente, y ante la imposibilidad de sortear la censura, Año tras año se publicó en Francia. Tras obtener el Premio «Antonio Machado», cuyo fallo tuvo lugar el 24 de febrero de 1962, en la simbólica ciudad de Colliure, donde descansan los restos de Antonio Machado, Año tras año se publicó en Ruedo Ibérico, parisina editorial del exilio republicano.

Si La mina de Armando López Salinas, hasta 2013, había permanecido casi treinta años sin reeditarse –y sin leerse– en España, Año tras año padeció incluso peor suerte. Hasta el año 2000, cuando se publica en la editorial Alcayuela, Año tras año no había conocido ni una sola edición en España. Se trata, pues, de una obra desterrada, de una novela que difícilmente ha sido leída en España, más allá de por aquellos lectores, muy politizados, que acudían a las librerías en cuyos sótanos sabían que podían encontrar los libros que prohibió Franco, o por los que posteriormente la encontraron, tras mucho buscar bajo el polvo, en las librerías de viejo. Pero el lector de 2015 tiene la posibilidad de leer por primera vez –o acaso releer– Año tras año sin mancharse las manos de polvo. Basta con un solo clic. Ediciones Dyskolo –un proyecto editorial que cree en libre acceso al conocimiento– acaba de publicar una edición digital de Año tras año de Armando López Salinas. Con estas palabras se define el proyecto de Dyskolo: «Nuestros libros tienen un valor, pero carecen de precio. El valor lo fija cada lector o lectora a partir de 0 y hasta 10 o hasta 1.000, y no necesita hacerlo en el momento de la descarga sino que puede regresar en cualquier momento a la página del libro y realizar su aportación. Ese dinero es en realidad una ayuda a la creación». El libro se puede descargar a través de este enlace: http://bit.ly/1FKLdL4

Esta edición digital de la primera novela de López Salinas se presenta con un exhaustivo prólogo del profesor Luis Martín-Cabrera. Año tras año es una novela que –como recuerda Martín-Cabrera– «reconstruye el tiempo que va desde la derrota en la guerra civil y la subsiguiente desarticulación de las organizaciones obreras, a la reconstitución de la movilización obrera y popular contra la dictadura franquista. La novela se cierra alrededor de un ciclo de movilizaciones que comienza en Barcelona en marzo de 1951». Año tras año narra, pues, el momento histórico de la «reconfiguración de un movimiento obrero que va a participar ya decididamente en la resistencia a la dictadura». Es importante situar históricamente la novela y, a partir de ello, aprehender su sentido histórico, pues allí se encuentra posiblemente el motivo de su silenciamiento en el post-franquismo. Porque si el franquismo silenció –i.e. censuró– Año tras año por considerarla una novela filocomunista, el post-franqusimo la ha silenciado porque la novela nos devuelve al presente una historia que no encaja en el relato dominante de la Transición. Luis Martín-Cabrera, en su introducción, lo expone de forma muy clara: «la historiografía liberal (ver, por ejemplo, La resistencia silenciosa de Jordi Gracia o La filología en el purgatorio de José Carlos Mainer) ha situado el funeral del filósofo español José Ortega y Gasset (1955) o las primeras huelgas de estudiantes que le siguieron en 1956 como el germen de las primeras protestas contra la dictadura y el principio de la reconstitución de una protoesfera pública que pronto se llenará con los “mea culpa” y los arrepentimientos de los Laín Entralgo, los Ridruejo o el distanciamiento estratégico de antiguos censores como el propio Cela. A contrapelo de esta visión, López Salinas sitúa el principio de la resistencia en el corazón de los barrios obreros y como parte de los esfuerzos de organización de un partido de clase como el PCE. No se trata aquí de disputarse el primer puesto de la lucha antifranquista, sino de recuperar la memoria de la lucha obrera que a la altura de los años sesenta ya empezaba a borrarse, sometida a las tecnologías del olvido implementadas por la dictadura». Año tras año nos devuelve al presente una historia borrada, nos recuerda que la democracia no se la debemos a quienes decidieron acostarse franquistas y amanecer demócratas un buen día, sino a quienes se organizaron en la lucha antifranquista, a quien sufrió derrotas, cárceles, torturas, privación de libertad para construir libertades colectivas. Año tras año –la narrativa de Armando López Salinas, en general– nos permite recuperar nuestra memoria histórica, tan maltratada, tan desgastada, tan desplazada por los relatos dominantes del presente.

El mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leer su obra. Año tras año, novela por la que deambulan los derrotados de la Guerra Civil, que malviven en una posguerra que les condena por partida doble, política y socialmente, es memoria de un tiempo que se pretende borrar, edulcorar, despolitizar. La lectura de Año tras año nos permite recordar aquellos años, homenajear a los héroes cotidianos de la posguerra española, pero a la vez recordar y homenajear a quien puso su pluma al servicio de la memoria: Armando López Salinas. A quien nunca olvidamos. Quien sigue entre nosotros.

David Becerra Mayor // Mundo Obrero, nº 285 (junio, 2015). Fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=4943