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miércoles, 17 de octubre de 2018
sábado, 28 de mayo de 2016
Todoliteratura - entrevista
David Becerra, coordinador del libro colectivo "Convocando al fantasma: Novela crítica en la España actual"
(Tierradenadie Ediciones, 2015) es acaso uno de los críticos jóvenes
con mayor proyección en el panorama literario actual; sus últimos
trabajos, especialmente "La novela de la no-ideología", en Tierradenadie Ediciones también, o "La Guerra Civil como moda literaria"
(Clave Intelectual, 2015), así nos lo confirman. De esos trabajos y de
sus futuros proyectos, así como de la labor del crítico hoy día, trata
esta conversación.
P. David, ¿qué probabilidades reales tiene, primero, de ser
producida y, luego, de ser publicitada, hoy día, una labor crítica
independiente, ya sea universitaria o divulgativa, si está concebida al
margen o contra el sistema mercantil e ideológico del capitalismo
actual?
R. Como todo, depende de la correlación de fuerzas. Hace unos años parecía imposible que surgieran nuevas investigaciones críticas, de corte marxista, en la Universidad. Parecía que la generación de Juan Carlos Rodríguez y Julio Rodríguez Puértolas difícilmente podría asegurarse un relevo: el marxismo se encontraba en una crisis política, pero también científica y metodológica. La posmodernidad parecía que se lo había llevado por delante. Éramos pocos los que trabajábamos en esta dirección, apenas unos cuantos discípulos de ellos, que además encontrábamos no pocas dificultades para trabajar en la Universidad española. Y, en cierta manera, se nos trataba con cierta displicencia, como si fuéramos residuos de un mundo que había dejado de existir. Pero en los últimos años, y sobre todo a raíz de la crisis, al haber cambiado la correlación de fuerzas (aunque tampoco demasiado: no alcemos campanas al vuelo) parece que nuestro discurso –marxista, crítico, contrahegemónico– cobra algo de fuerza. De pronto, nos hacen un poco más de caso, se produce más pensamiento crítico y circula un poco mejor, si bien sigue siendo igualmente difícil que nuestro discurso encuentre un lugar en la Universidad. Se produce más discurso crítico, pero la hegemonía –y los medios de producción de las palabras– siguen en manos de los mismos.
P. Y qué función juegan en todo esto la Universidad y el resto de instituciones y “eventos científicos”, tales como congresos, fundaciones, revistas, encuentros, simposios… ¿Cuál ha sido o es tu experiencia al respecto?
R. Nuestra universidad ha renunciado al proyecto de la Ilustración, cuyo objetivo era la búsqueda del conocimiento y la verdad; ahora el conocimiento se sirve a la bolognesa, lo que significa que si no es rentable para la sociedad –quiero decir: para la sociedad de mercado– queda desplazado, entra en peligro de extinción. En ese sentido, las Humanidades se encuentran en una difícil coyuntura, y mucho más cuando se enfoca desde una perspectiva crítica. Además, desde hace poco, nos tienen a todos rezando de cara a la ANECA, una agencia externa que es quien finalmente decide si estás capacitado o no para desarrollar funciones de investigación y docencia. Y lo hace a partir de criterios que pueden ser apropiados, pero no son criterios que se ha dado la Universidad. Y respecto a los eventos científicos que señalas, normalmente hay cierto rechazo –y también cierta agresividad– ante lecturas críticas, marxistas, de nuestra tradición literaria. Pero hay que señalar que también existen lugares, pequeños oasis en medio de un desierto de pensamiento único, donde se trabaja la literatura de otra manera y donde es posible encontrar interlocutores válidos. Donde todavía es posible constituir una esfera pública discursiva donde se debate, se esgriman razones y argumentos, más allá de ideas preconcebidas, que reproducción de la ideología dominante.
P. Hablemos de algunas de tus aportaciones al desarrollo y la práctica de una crítica materialista universitaria y divulgativa. En primer lugar, qué nos puedes decir de tu labor, hace unos años, dentro de la Fundación de Investigaciones Marxistas, y de esa apuesta que hiciste por el mantenimiento, dentro de ella, de una Revista de Crítica Marxista.
R. Cuando la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) tenía su sede en la céntrica calle Alameda de Madrid, lo cierto es que organizamos actividades de crítica literaria marxista muy interesantes. Organizamos un par de seminarios, uno sobre literatura española e historia social, a partir del libro Historia social de la literatura española de Julio Rodríguez Puértolas, Carlos Blanco Aguinaga e Iris M. Zavala, y otro de crítica literaria a partir del libro de Constantino Bértolo La cena de los notables. También, en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid, organizamos tres jornadas de literatura y marxismo, con un éxito notable. La primera la dedicamos a César Vallejo, las segunda a Javier Egea y la tercera a Armando López Salinas. Las actas de las tres jornadas se publicaron en Revista de crítica literaria marxista, de la cual salieron, además de las actas, tres números más. En la FIM conseguimos armar un grupo de investigación literaria marxista que, al poco, se descompuso al perder la FIM, por razones que no vienen al caso, el local. La falta de un lugar físico en el que reunirnos hizo que nos dispersáramos. Y eso seguramente tuvo consecuencias en la batalla ideológica que se tendría que estar dando ahora. En estos momentos, se está tratando de reactivar la FIM, de buscar un nuevo local; sería muy oportuno volver a tener un lugar de encuentro en el que realizar prácticas de crítica. Los tiempos exigen un rearmamento ideológico, y la FIM constituye el mejor instrumento para ello.
P. Uno de tus empeños críticos concretos más significativos ha sido últimamente la reivindicación de la figura y de la obra de Armando López Salinas; tu edición de La mina, después de tantos años de olvido, ha sido decisiva para ello… ¿Por qué Armando López Salinas?
R. La última
vez que se publicó La mina en España fue en julio de 1984. Yo nací en
julio de 1984. Es decir, más allá de lo anecdótico, significa que mi
generación –la que llaman la generación mejor formada de la historia de
España– no había leído La mina; y si no la ha leído no ha sido por
desinterés, sino porque era un libro que no existía. Creo que era
importante volver a publicar La mina, volver a leer La mina, y hacerlo
además con los fragmentos que no pasaron censura (que yo incorporo en mi
edición). La crítica literaria dominante nos trató de convencer –y en
parte lo hizo– de que La mina, así como otras novelas del realismo
social español, no valía la pena leerla, pues estaba mal escrita.
Además, nos dijeron que era una obra cuya lectura podía tener sentido en
el momento en que se escribió, ya que denunciaba el atraso y la pobreza
de la España de posguerra, pero que sus temas, a diferencia de aquellos
que presenta la supuesta “gran literatura”, eran incapaces de
trascender su momento histórico. Y apelando a la universalidad de la
literatura, decidieron condenar a La mina y Armando López Salinas al
olvido. Sin embargo, cuando uno se pone a leer La mina observa que esas
conclusiones a las que había llegado la crítica literaria no resistían
al menor análisis. En primer lugar, porque La mina –incluso siguiendo
los criterios de calidad de los constructores del gusto literario– no es
una novela en absoluto mal escrita; pero, más importante todavía, La
mina es una novela que envejece mucho mejor que otras de las novelas que
sí han pasado a formar parte del canon y que parecía que trataban temas
más universales. Los temas principales de La mina de Armando López
Salinas no han perdido la vigencia: el paro, la inmigración para buscar
trabajo, los accidentes laborales, la necesidad de lucha para defenderte
ante las injusticias, etc., son temas que están a la orden del día. La
lectura de La mina hoy nos puede dar más respuestas que cualquier otra
novela con pretensiones de universalidad.Pero La mina es además una obra que permite desmontar el relato de la Transición. La mina nos recuerda que si en este país tenemos un sistema democrático no es gracias a grandes hombres que con grandes gestos –léase Suárez o el rey– decidieron, un buen día, llevados por su buena voluntad, superar el franquismo y traerle la democracia al pueblo español. La mina nos recuerda quienes son los que lucharon, los que con su lucha diaria pudieron ir poco a poco erosionando las estructuras del régimen franquista. La mina nos recuerda que la democracia no es una concesión de los poderosos, sino la conquista de un pueblo que se dejó la vida luchando por su libertad. Quizá por esto La mina ha estado tanto tiempo sin editarse, tanto tiempo sin leerle, porque es un libro que molesta, que cuestiona el mito fundacional de nuestra democracia, el relato de la Transición.
P. Otro de los centros de interés que ha guiado tu labor en estos últimos años ha sido la novela española moderna, especialmente de los últimos treinta años, con dos magníficos estudios, La novela de la no-ideología que vio la luz en Tierrradenadie, y La Guerra Civil como moda literaria, en Clave Intelectual, y ahora con tu labor de coordinador de este libro colectivo Convocando al fantasma… ¿Qué han supuesto para ti esas tres obras y qué aportan o qué has pretendido aportar con ellas al panorama crítico actual?
R. Me interesaba analizar el modo en que en la novela española actual las contradicciones radicales del sistema capitalista se desplazan a favor de otras que son asumibles por la ideología dominante. Es decir, observar cómo en la narrativa española la huella de lo político y lo social se borra y todo conflicto retratado en sus páginas se interpreta en clave individual, intimista, moral o psicologista. No hay conflictos políticos en lo que podemos denominar la narrativa dominante española, solo problemáticas del yo. Y si todo conflicto se localiza en el interior del sujeto, su posible resolución debe encontrarse también el interior del sujeto. Todo lo que nos ocurre –nos dice la novela dominante– encuentra su explicación en nuestro interior, nunca en el exterior. Por lo tanto, para resolver las distintas problemáticas que aparecen en las novelas no se hace necesario cuestionar o transformar el sistema; basta con que nos transformemos nosotros mismos. Esta es la tesis que manejé en La novela de la no-ideología. Convocando al fantasma…, que es una obra colectiva, retrataría el panorama de esas novelas y novelistas que justamente hacen o intentan hacer todo lo contrario, novelar el presente histórico, sin olvidar la naturaleza material e histórica del tiempo y de la realidad novelada. Cómo hay novelistas que, aun hoy, pretenden una literatura crítica que no expulse de sí la realidad real.
Y La Guerra Civil como moda literaria se puede leer, en parte, como una continuación o un desarrollo de esas tesis, pero en el análisis de las novelas que hoy en día se escriben sobre la Guerra Civil española. En el libro me pregunto por qué se han publicado tantas novelas sobre la Guerra Civil española en las últimas décadas, sobre todo teniendo en cuenta el cacareado estribillo de la Transición que venía a decir que debíamos olvidar el pasado para no abrir viejas heridas y mirar solo hacia adelante; y también cómo se reconstruye el pasado en estas novelas sobre la Guerra Civil. La respuesta a la primera pregunta parecía anunciar un escenario positivo, de celebración, ya que si de pronto se escriben, se publican y se leen tantas novelas sobre la Guerra Civil española, significa que la sociedad española ha cambiado, que ya no tiene miedo a mirar hacia atrás, a conocer su pasado y a reconocerse en su pasado. Sin embargo, hay que rebajar la euforia cuando empezamos a leer estas novelas y observamos que, en estas novelas sobre la Guerra Civil, la Guerra Civil apenas aparece como escenario, como un atractivo y cómodo telón de fondo. Estas novelas no hablan de las contradicciones históricas que hicieron posible la Guerra Civil, sino de conflictos humanos, abstractos, individuales, morales, etc., pero no de tensiones políticas y sociales, es decir históricas, que expliquen qué sucedió y por qué sucedió el 18 de julio de 1936. Son novelas históricas sin historicidad. El pasado se vacía para convertirse en el escenario estático de una complaciente novela de aventuras, de pasión y muerte. Estas novelas que se autoproclaman de la memoria histórica tienen, pues, muy poco de memoria histórica. Pero además de deshistorizar el pasado, de despolitizarlo, en esta moda literaria se puede reconocer una suerte de revisionismo histórico. Ambas cosas las analizo en La Guerra Civil como moda literaria.
P. Por último, aunque ya nos has mencionado la intención última de Convocando al fantasma: Novela crítica en la España actual, que has coordinado, y que surgió como un encargo de Tierradenadie Ediciones. ¿Qué crees que aporta esta obra colectiva al conocimiento de la novela española de los últimos treinta años?; ¿lo considerarías el complemento perfecto de La novela de la no-ideología?
R.
Convocando al fantasma…, como hemos dicho, es un libro colectivo, que
yo me he encargado de coordinar. Si en La novela de la no-ideología y en
La Guerra Civil como moda literaria analizo la novela dominante
española, la ideología de las novelas que forman parte del canon
narrativo actual, en Convocando al fantasma se trata de hacer otra cosa,
se trata de proponer un canon alternativo, de estudiar y analizar los y
las novelistas que podemos denominar críticos, contrahegemónicos o
disidentes. Es un libro en el que se analizan las voces críticas más
significativas de la narrativa española actual y en el que participan
profesores y críticos nacionales e internacionales que, con sus
estudios, ponen en orden lo que podemos denominar novela crítica en la
España actual. Se trata de convocar al fantasma de la revolución desde
la literatura, pero también de hacer visible al fantasma del
neoliberalismo, que, como dice Juan Carlos Rodríguez en su ensayo De qué
hablamos cuando hablamos de marxismo, es el fantasma que verdaderamente
recorre Europa hoy. Se trata de echarle, como en los dibujos animados,
una sábana al espectro para saber por dónde anda. Pero también de
convocar al fantasma que Marx y Engels anunciaron en el Manifiesto
comunista. Porque acaso escribir, como dice un personaje de El comité de
la noche de Belén Gopegui, no sea otra cosa que convocar al fantasma.
Este libro lo que muestra es cómo, hoy día, también hay novelistas que,
con su escritura, lanzan, una y otra vez, esa sábana para que lo veamos
ahí delante de nosotros, o, tal vez, dentro de nosotros mismos.Fuente: https://www.todoliteratura.es/noticia/10422/entrevistas/entrevista-a-david-becerra-mayor.html
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lunes, 27 de julio de 2015
"Año tras año" de Armando López Salinas
Cuando Armando López Salinas obtuvo el Premio Nadal en 1959 y publicó La mina en la editorial Destino en 1960, ya había escrito una primera novela. Año tras año,
que así se titulaba su primera novela, que vino a ser segunda, había
sido aceptada por la editorial Seix Barral, pero su publicación fue
denegada por la censura. El expediente 3458-61 notifica que «no procede
su publicación» a causa de atentar contra el régimen y sus
instituciones, según reza el informe del censor. En las casillas
dispuestas para incluir información adicional, más detallada, el informe
añadía que «la obra es claramente FILOCOMUNISTA». Finalmente, y ante la
imposibilidad de sortear la censura, Año tras año se publicó
en Francia. Tras obtener el Premio «Antonio Machado», cuyo fallo tuvo
lugar el 24 de febrero de 1962, en la simbólica ciudad de Colliure,
donde descansan los restos de Antonio Machado, Año tras año se publicó en Ruedo Ibérico, parisina editorial del exilio republicano. Si La mina de Armando López Salinas, hasta 2013, había permanecido casi treinta años sin reeditarse –y sin leerse– en España, Año tras año padeció incluso peor suerte. Hasta el año 2000, cuando se publica en la editorial Alcayuela, Año tras año no había conocido ni una sola edición en España. Se trata, pues, de una obra desterrada, de una novela que difícilmente ha sido leída en España, más allá de por aquellos lectores, muy politizados, que acudían a las librerías en cuyos sótanos sabían que podían encontrar los libros que prohibió Franco, o por los que posteriormente la encontraron, tras mucho buscar bajo el polvo, en las librerías de viejo. Pero el lector de 2015 tiene la posibilidad de leer por primera vez –o acaso releer– Año tras año sin mancharse las manos de polvo. Basta con un solo clic. Ediciones Dyskolo –un proyecto editorial que cree en libre acceso al conocimiento– acaba de publicar una edición digital de Año tras año de Armando López Salinas. Con estas palabras se define el proyecto de Dyskolo: «Nuestros libros tienen un valor, pero carecen de precio. El valor lo fija cada lector o lectora a partir de 0 y hasta 10 o hasta 1.000, y no necesita hacerlo en el momento de la descarga sino que puede regresar en cualquier momento a la página del libro y realizar su aportación. Ese dinero es en realidad una ayuda a la creación». El libro se puede descargar a través de este enlace: http://bit.ly/1FKLdL4
Esta edición digital de la primera novela de López Salinas se presenta con un exhaustivo prólogo del profesor Luis Martín-Cabrera. Año tras año es una novela que –como recuerda Martín-Cabrera– «reconstruye el tiempo que va desde la derrota en la guerra civil y la subsiguiente desarticulación de las organizaciones obreras, a la reconstitución de la movilización obrera y popular contra la dictadura franquista. La novela se cierra alrededor de un ciclo de movilizaciones que comienza en Barcelona en marzo de 1951». Año tras año narra, pues, el momento histórico de la «reconfiguración de un movimiento obrero que va a participar ya decididamente en la resistencia a la dictadura». Es importante situar históricamente la novela y, a partir de ello, aprehender su sentido histórico, pues allí se encuentra posiblemente el motivo de su silenciamiento en el post-franquismo. Porque si el franquismo silenció –i.e. censuró– Año tras año por considerarla una novela filocomunista, el post-franqusimo la ha silenciado porque la novela nos devuelve al presente una historia que no encaja en el relato dominante de la Transición. Luis Martín-Cabrera, en su introducción, lo expone de forma muy clara: «la historiografía liberal (ver, por ejemplo, La resistencia silenciosa de Jordi Gracia o La filología en el purgatorio de José Carlos Mainer) ha situado el funeral del filósofo español José Ortega y Gasset (1955) o las primeras huelgas de estudiantes que le siguieron en 1956 como el germen de las primeras protestas contra la dictadura y el principio de la reconstitución de una protoesfera pública que pronto se llenará con los “mea culpa” y los arrepentimientos de los Laín Entralgo, los Ridruejo o el distanciamiento estratégico de antiguos censores como el propio Cela. A contrapelo de esta visión, López Salinas sitúa el principio de la resistencia en el corazón de los barrios obreros y como parte de los esfuerzos de organización de un partido de clase como el PCE. No se trata aquí de disputarse el primer puesto de la lucha antifranquista, sino de recuperar la memoria de la lucha obrera que a la altura de los años sesenta ya empezaba a borrarse, sometida a las tecnologías del olvido implementadas por la dictadura». Año tras año nos devuelve al presente una historia borrada, nos recuerda que la democracia no se la debemos a quienes decidieron acostarse franquistas y amanecer demócratas un buen día, sino a quienes se organizaron en la lucha antifranquista, a quien sufrió derrotas, cárceles, torturas, privación de libertad para construir libertades colectivas. Año tras año –la narrativa de Armando López Salinas, en general– nos permite recuperar nuestra memoria histórica, tan maltratada, tan desgastada, tan desplazada por los relatos dominantes del presente.
El mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leer su obra. Año tras año, novela por la que deambulan los derrotados de la Guerra Civil, que malviven en una posguerra que les condena por partida doble, política y socialmente, es memoria de un tiempo que se pretende borrar, edulcorar, despolitizar. La lectura de Año tras año nos permite recordar aquellos años, homenajear a los héroes cotidianos de la posguerra española, pero a la vez recordar y homenajear a quien puso su pluma al servicio de la memoria: Armando López Salinas. A quien nunca olvidamos. Quien sigue entre nosotros.
David Becerra Mayor // Mundo Obrero, nº 285 (junio, 2015). Fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=4943
miércoles, 25 de febrero de 2015
Extracto "La Guerra Civil como moda literaria"
A Armando López
Salinas, in memoriam
El mandamiento
primero de la ideología literaria es:
«Hablaré de todas las
formas de lucha de clases salvo
de aquella que te
determina inmediatamente».
Pierre Macherey y Etienne Balibar
...ni los muertos estarán
seguros ante el enemigo si es que este vence.
Y ese enemigo no ha cesado de
vencer.
Walter
Benjamin
“Un paseo por las librerías o un simple vistazo a las
listas de los libros más vendidos en España bastaría para comprobar que
en las dos últimas décadas se ha producido en el ámbito de la narrativa
española una proliferación considerable de novelas que versan sobre la
Guerra Civil. Pero dejando de lado las impresiones, siempre intangibles e
imprecisas, y respaldando nuestro estudio en la vehemencia de los
datos, comprobamos que entre 1989 y 2011 se ha superado de buen grado el
centenar de títulos de temática guerracivilista publicados en España.
Más concretamente, y a partir de los datos que integran nuestro corpus, se ha publicado un total de 181 novelas sobre la Guerra Civil española durante el periodo acotado […].
La novela sobre la Guerra Civil española
publicada en la actualidad constituye un fenómeno de lo más heterogéneo.
Es de rigor atender a su diversidad formal y temática, destacar sus
diferencias y acaso celebrar su pluralidad, pero también será necesario
no desatender el fondo común que comparten las novelas. Porque tal vez
en su fondo común daremos con la respuesta que nos tenemos que formular a
continuación: ¿a qué se debe esta proliferación de títulos sobre la
Guerra Civil española en la última década del siglo XX y en la primera
del siglo XXI? Esta pregunta no es baladí, ya que la eclosión de títulos
es ciertamente sorprendente. Acostumbrados, como estábamos, a escuchar
el cacareado estribillo de la Transición, marcado por el pacto el
silencio que instaba a los ciudadanos de este país a olvidar el pasado
por temor a que la memoria pudiera despertar los fantasmas
guerracivilistas y reabrir las viejas heridas todavía por cicatrizar, no
nos puede sino llamar poderosamente la atención que de pronto irrumpan
en la esfera pública una serie de discursos literarios que, al menos
aparentemente, cuestionan el pacto de la Transición y optan por la
narración del pasado, por convertir la memoria en materia narrativa y
por reivindicar la voz de los vencidos frente a las políticas de
silencio y olvido que se instauraron con los pactos de 1978. ¿Por qué,
desde el ámbito narrativo, de pronto emerge una suerte de moda literaria
sobre la Guerra Civil española?
Es una opinión muy extendida, tanto en la
prensa cultural como en la crítica especializada, explicar este
fenómeno como, en efecto, un cuestionamiento de los postulados políticos
de la Transición, como un enfrentamiento al silencio y al olvido
impuesto a las víctimas del conflicto bélicos nacional. En este sentido,
estas novelas se suelen definir como novelas de la memoria histórica,
llegando, incluso, a establecer una relación directa entre este fenómeno
literario y la reivindicación de la reparación moral de las víctimas
del franquismo que, desde principios del presente siglo, está realizando
la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) […].
Nuestra hipótesis, sin desmerecer los
enfoques anteriores, propone una perspectiva distinta y señala una
dirección clara: en la matriz ideológica del capitalismo avanzado o
posmoderno hallaremos la respuesta a la pregunta formulada. En primer
lugar, entendemos que la vuelta al pasado que se produce en la novela
española actual pone de manifiesto que nuestros novelistas han asumido
que vivimos en un tiempo perfecto y cerrado, sin conflicto,
interiorizando la ideología del «Fin de la Historia», y ante este
presente en el que no sucede nada se hace necesario acudir a un pasado
conflictivo como el de la Guerra Civil para poder escribir una novela.
Pero, por otro lado, será preciso analizar el modo en que se reconstruye
el pasado en estas novelas. Porque si bien el grueso de ellas comparte,
como se verá, una más que loable intención de reivindicar la memoria
histórica, y acaso sus autores buscan, en algunos casos, posicionarse al
lado de los que salieron derrotados de la contienda, denunciando el
olvido y el silencio que se impuso sobre ellos, también es cierto que,
mediante su lectura, acudimos a una reconstrucción despolitizada y
deshistorizada de la Historia, invitando al lector a mantener una
relación complaciente con su pasado. Estas novelas, como el espejo
posmoderno de Jameson, hechizan al lector por medio de sugerentes
aventuras de pasión y muerte, de vidas heroicas, de ideales y de un
futuro todavía por escribir. El espejo emite un destello de luz, siempre
cegador, que impide al lector reconocerse en su pasado, experimentar la
Historia de forma activa, al concebir el pasado como algo que le es
ajeno. Pero a su vez estas novelas legitiman la concepción de que
nuestro presente, por oposición al mundo al que la narración nos
retrotrae, es un presente en el que no existen conflictos y en el que,
en definitiva, la Historia ha alcanzado su fin. Esta concepción sobre el
pasado y el presente que esta literatura alimenta tiene unas
consecuencias políticas evidentes, pues no contribuyen sino a la
desactivación política del lector que, a la vez que deja de reconocerse
en la Historia, asume que habita en el mejor de los mundos posibles.
Por otro lado, hay que apuntar también
que las novelas que sobre la Guerra Civil se escriben y publican en la
actualidad participan del denominado –siguiendo el término propuesto por
Elizabeth Jalin– conflicto de memorias, reflejando y
reproduciendo, de forma muy nítida, las dos posiciones ideológicas que,
en estos momentos, están en juego en el ámbito político nacional. En
primer lugar reconocemos, analizando nuestro corpus, una serie de
novelas de corte revisionista que pretenden reinstaurar los mitos de la
cruzada de Franco, situando la República –en paz y en guerra– en el
foco de todo conflicto. Esta revisión del pasado, que tuvo su auge
durante la segunda legislatura del Partido Popular (2000-2004), y que
fue incluso promocionada, a tenor de lo escrito por Francisco Espinosa
Maestre en El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española,
por el partido del gobierno para contrarrestar las reivindicaciones y
demandas impulsadas, desde el año 2000, por la Asociación para la
Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), restituyó algunas
falsedades históricas construidas durante el franquismo para legitimar
el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. La campaña revisionista fue
tan potente que incluso su discurso se introdujo en novelas de gran
tirada y firmadas por autores de prestigio intelectual, como se verá.
La otra parte del conflicto está
representada por novelas que, pretendidamente progresistas y ancladas en
la «falsa izquierda», que diría José Antonio Fortes, reproducen la
lógica ahistoricista y despolitizada que, en el ámbito político, se puso
en marcha con la popularmente conocida como Ley de la Memoria Histórica
de 2007 durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero.
La Ley 52/2007, a todas luces insuficiente, no pretendía establecer una
ruptura con el pasado, que pusiera fin a los privilegios de los
que gozan, todavía hoy, los vencedores de la Guerra Civil, sino que
perseguía, más bien, el reforzamiento del modelo de convivencia
constitucional de la Transición. Un hecho que de forma muy simbólica
expresa lo que recogía esta ley se detecta en la conversión del Valle de
los Caídos en lugar de culto religioso que «incluirá entre sus
objetivos honrar la memoria de todas las personas fallecidas a
consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939 y de la represión política
que la siguió con objeto de profundizar el conocimiento de ese período
histórico y en la exaltación de la paz y de los valores democráticos».
El adjetivo todas que acompaña a las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil legitima
el relato equidistante que sitúa en el mismo nivel de responsabilidad a
víctimas y verdugos, a quienes estaban al lado de la legalidad
democrática y quienes se opusieron a ella por medio de un golpe de
Estado. Con esta medida, se ponía en marcha una reconstrucción
despolitizada del pasado, al convertir el mayor símbolo de la represión
del fascismo español en un monumento de paz y democracia. Se trataba de
vaciar de significado los significantes del pasado –independientemente
de su color político–, borrando las huellas de la represión y de la
significación histórica de los vencidos, para poder ser asumidos,
institucionalizados y normalizados por la democracia. La despolitización
del pasado supone una reescritura de la Historia desde un presente que,
lejos de enfrentarse con los vencedores de ayer y de establecer una
ruptura con el pasado, permite que los vencedores no cesen de vencer.
Esta despolitización del pasado se detecta, de igual modo, y como se
verá, en muchas de las novelas que sobre la Guerra Civil se escriben y
publican en la actualidad.
Por lo tanto, y como trataremos de
mostrar y aun de demostrar en las siguientes páginas, la reconstrucción
del pasado que se lleva a cabo en estas novelas contribuye a reforzar
una concepción homogénea y lineal de la Historia. La ideología
posmoderna que late en estos discursos literarios legitima la concepción
de la Historia como continuidad, que solamente sirve para favorecer la
perpetuación de la clase dominante en el poder. Estas novelas no
cuestionan el presente, no pretenden disparar contra los relojes, como
diría Benjamin, y establecer una ruptura del continuum histórico;
la relación con el pasado –y, en consecuencia, con el presente– se basa
en una complicidad que, en absoluto, pretende congregar a los muertos
en nuestro tiempo vacío, porque no forma parte de su proyecto ideológico
dinamitar o hacer pedazos el presente.”
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Armando López Salinas: escritor y comunista
La editorial Adhara acaba de publicar un libro de homenaje a Armando López Salinas titulado Armando López Salinas: escritor y comunista. Participo en este libro con un artículo titulado "Armando López Salinas y los lugares comunes". El índice del libro está compuesto por autores muy relevantes del ámbito cultural español, como Belén Gopegui, Constantino Bértolo, Carlos Álvarez, Felipe Alcaraz, Juan Antonio Hormigón, Luis García Montero, Marta Sanz, Andrés Sorel, Mª Rosa de Madariaga, Manuel Rico o Fanny Rubio, entre otros. También colaboran en el libro políticos como Francisco Frutos o Gaspar Llamazares.
El libro fue presentado el domingo 21 de septiembre en la Fiesta del PCE. A continuación, adjunto la copia publicada en Mundo Obrero:
Redacción Mundo Obrero
Eran casi las 11.00h de la mañana cuando comenzó el homenaje que el PCE
le ha rendido al novelista y militante comunista Armando López Salinas
–primera Fiesta sin él– en la carpa que lleva su nombre. En el homenaje,
que ha estado presentado y moderado por Ángel Moreno, alcalde de San
Fernando de Henares, han participado Carmen Rivas, editora de Adhara y
coordinadora del libro Armando López Salinas: escritor y comunista, el escritor José Esteban, David Becerra Mayor, autor de la edición crítica de La mina (Akal, 2013), y la hija del homenajeado, Victoria López Balduque.
El alcalde de San Fernando de Henares, Ángel Moreno, agradeció en nombre del Partido la militancia comunista ininterrumpida –hasta sus últimos días– de Armando López Salinas, y les ofreció a sus familiares todo el calor del PCE y de su militancia. Quiso destacar también la lucidez de los análisis, siempre apegados a la realidad, de Armando López Salinas, sacando a colación una entrevista que le realizaron un par de años atrás, en ocasión del 15M. Más vigente que nunca era la frase que Ángel Moreno destacó de López Salinas: “vivimos un diluvio universal de mierda”.
La primera en tomar la palabra fue Carmen Rivas, que aprovechó el homenaje para presentar un libro colectivo, Armando López Salinas: escritor y comunista, que ella misma ha coordinado. En el libro participan firmas relevantes del mundo de la cultura –Belén Gopegui, Marta Sanz, Constantino Bértolo o Luis García Montero, entre otros– como también personalidades del ámbito de la política: Cayo Lara, Felipe Alcaraz, Francisco Frutos o Gaspar Llamazares.
La hija de Armando López Salinas, Victoria López Balduque, habló en su nombre, pero también en el de su hermano Carlos, y también en nombre de los nietos de Armando. Recogió el cariño de los militantes comunistas, a los que siente como una familia, y mostró su agradecimiento por el apoyo que han recibido y que les ha hecho más fácil salir adelante a pesar de la pérdida. Victoria señaló también la lucidez con la que Armando se despidió de la vida, siempre atento a la actualidad política del país, a pesar de la enfermedad.
El escritor José Esteban habló de su larga amistad con Armando López Salinas. Recordó el día en que se conocieron, a finales de la década de los cincuenta, en aquellas reuniones literarias en las que participaba Armando López Salinas con otros novelistas sociales como Jesús López Pacheco, Antonio Ferres o el poeta Gabriel Celaya.
David Becerra, por último, empezó contando la fábula del “ángel de la Historia” de Walter Benjamin: un ángel sobrevuela la Historia para conocerla, pero en el momento en que intenta detenerse para observar una zona de ruinas y despojos, donde se acumulan los muertos, un fuerte viento huracanado le empuja irremediablemente hacia delante. No puede pararse y contemplar. El relato oficial de nuestra Historia, dijo Becerra, lo ha escrito ese ángel que no pudo detenerse en las ruinas, pero hay otra Historia –y otra novela– que sí se detiene a observar las ruinas y los muertos, y además se pregunta quién son esos muertos y quién los asesinó. La obra de Armando López Salinas es ese ángel de la Historia, por fin detenido, que nos recuerda quiénes son los que lucharon, resistiendo contra los vientos huracanados de los discursos oficiales, luchando contra los vientos de la desmemoria.
El acto terminó con la intervención de uno de los nietos de Armando López Salinas, Iván, que subrayó que el mejor homenaje que se le puede hacer a su abuelo es leer su obra, por el valor que puede tener en la actualidad, porque, como recordó, muchas de los temas que una novela como La mina anuncia, la explotación y el desempleo, están hoy a la orden del día.
El alcalde de San Fernando de Henares, Ángel Moreno, agradeció en nombre del Partido la militancia comunista ininterrumpida –hasta sus últimos días– de Armando López Salinas, y les ofreció a sus familiares todo el calor del PCE y de su militancia. Quiso destacar también la lucidez de los análisis, siempre apegados a la realidad, de Armando López Salinas, sacando a colación una entrevista que le realizaron un par de años atrás, en ocasión del 15M. Más vigente que nunca era la frase que Ángel Moreno destacó de López Salinas: “vivimos un diluvio universal de mierda”.
La primera en tomar la palabra fue Carmen Rivas, que aprovechó el homenaje para presentar un libro colectivo, Armando López Salinas: escritor y comunista, que ella misma ha coordinado. En el libro participan firmas relevantes del mundo de la cultura –Belén Gopegui, Marta Sanz, Constantino Bértolo o Luis García Montero, entre otros– como también personalidades del ámbito de la política: Cayo Lara, Felipe Alcaraz, Francisco Frutos o Gaspar Llamazares.
La hija de Armando López Salinas, Victoria López Balduque, habló en su nombre, pero también en el de su hermano Carlos, y también en nombre de los nietos de Armando. Recogió el cariño de los militantes comunistas, a los que siente como una familia, y mostró su agradecimiento por el apoyo que han recibido y que les ha hecho más fácil salir adelante a pesar de la pérdida. Victoria señaló también la lucidez con la que Armando se despidió de la vida, siempre atento a la actualidad política del país, a pesar de la enfermedad.
El escritor José Esteban habló de su larga amistad con Armando López Salinas. Recordó el día en que se conocieron, a finales de la década de los cincuenta, en aquellas reuniones literarias en las que participaba Armando López Salinas con otros novelistas sociales como Jesús López Pacheco, Antonio Ferres o el poeta Gabriel Celaya.
David Becerra, por último, empezó contando la fábula del “ángel de la Historia” de Walter Benjamin: un ángel sobrevuela la Historia para conocerla, pero en el momento en que intenta detenerse para observar una zona de ruinas y despojos, donde se acumulan los muertos, un fuerte viento huracanado le empuja irremediablemente hacia delante. No puede pararse y contemplar. El relato oficial de nuestra Historia, dijo Becerra, lo ha escrito ese ángel que no pudo detenerse en las ruinas, pero hay otra Historia –y otra novela– que sí se detiene a observar las ruinas y los muertos, y además se pregunta quién son esos muertos y quién los asesinó. La obra de Armando López Salinas es ese ángel de la Historia, por fin detenido, que nos recuerda quiénes son los que lucharon, resistiendo contra los vientos huracanados de los discursos oficiales, luchando contra los vientos de la desmemoria.
El acto terminó con la intervención de uno de los nietos de Armando López Salinas, Iván, que subrayó que el mejor homenaje que se le puede hacer a su abuelo es leer su obra, por el valor que puede tener en la actualidad, porque, como recordó, muchas de los temas que una novela como La mina anuncia, la explotación y el desempleo, están hoy a la orden del día.
jueves, 31 de julio de 2014
La mina, la novela que no pudo leer la "generación mejor formada de España"
Hacía casi 30 años que La mina de Armando López Salinas no se editaba en España. Los
jóvenes no pudimos leerla. Hemos de leer La
mina para recuperar nuestra Historia y para forjar nuestro porvenir.
Yo nací (perdonadme)
en el mes de julio de 1984. No es que quiera aprovecharme de la generosidad de
quien me brinda esta tribuna para contar mi vida. Pero la fecha de mi
nacimiento tal vez tenga sentido. Porque ese mes de julio de 1984 se publicó
por última vez, en la editorial Orbis, La
mina de Armando López Salinas. Han pasado casi treinta años desde la fecha.
Los
jóvenes que hoy salimos de las Facultades, expulsados a un mercado laboral cada
vez más precarizado, cuando no directamente al exilio económico, no hemos leído
La mina. Y no la hemos leído porque
no existía. Era imposible hacerse con un ejemplar, salvo quien descendía al
sótano de una biblioteca o lo descubría entre los montones de libros polvorientos
de una librería de viejo. La mina desapareció
también de los libros de texto y de los programas universitarios. La llamada
«generación mejor formada de España» no ha leído La mina de Armando López Salinas. Nunca tuvimos la oportunidad.
Los
hechos nunca suceden al azar. El realismo social/socialista fue borrado de la
Historia. La nueva sociedad despolitizada que surgió con la transición, en las coordenadas
ideológicas de un capitalismo avanzado que se autoproclama como el mejor de los
mundos posibles, prescindió de textos como La
mina. Parecía que no era necesario seguir hablando de explotación ni de
proletariado en un mundo donde el ocaso de la lucha de clases y el fin de la Historia dibujaban una
sociedad perfecta y cerrada, sin conflictos ni contradicciones. La huella de lo
político y lo social desapareció de la literatura y el realismo social no sólo
no encajaba en este esquema, sino que además su calidad literaria se ponía en
entredicho. No hacía falta leer La mina
porque era una obra pésimamente escrita, nos dijeron, e incluso nos
convencieron. Ahora sabemos que no fue por una cuestión estética por lo que
dejamos de leer La mina, sino porque
molestaba. Porque La mina nos
recuerda quienes son los que lucharon. La
mina nos recuerda que la libertad y la democracia no es una concesión de
grandes hombres con grandes gestos, como cuenta el relato/mito de la
Transición, sino la conquista de hombres y mujeres como los que La mina retrata. Los explotados de ayer
sobre cuyas espaldas se construyó el denominado «desarrollismo económico»
español.
A los
jóvenes no sólo nos han robado el futuro, sino que también el pasado. Para
recuperar nuestra memoria, en septiembre de 2013 la Sección de Estética y
Literatura de la Fundación de Investigaciones Marxistas y la editorial Akal
unimos fuerzas para reeditar La mina
y presentar el texto por primera vez sin censura en España. Para ganar el
futuro es imprescindible recuperar primero el pasado. Hemos de volver a leer y
no dejar de leer nunca novelas como La
mina de Armando López Salinas, porque acaso nos sirva para recuperar
nuestra Historia y para forjar nuestro porvenir.
David Becerra Mayor // Publicado en Agitación, nº 18 (2014), pág. 14. Número completo: http://issuu.com/revistaagitacion/docs/agitacion_18_#
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