Présentation de la collection internationale «Eléments» de Quodlibet, chez Librairie Pax de Liège.
Mercredi 20 septembre 2017 à 18h30
Buscar
martes, 19 de septiembre de 2017
miércoles, 13 de septiembre de 2017
The Objective - entrevista sobre "El realismo social en España"
David Becerra, contra la ideologización del canon
Foto: David Becerra
David Becerra
A priori, tu ensayo es una reivindicación del realismo social y de sus autores. Sin embargo, ¿podríamos decir que la idea última es una crítica a la construcción del canon literario español a partir de un uso ideológico del término “calidad literaria?
Exacto. Cuando se estudian unas obras literarias que han sido borradas o expulsadas del canon, que hemos dejado de leer y que hemos olvidado, en cierta manera estamos obligados a hacer también una crítica al modo en que se ha configurado ese mismo canon literario que las ha expulsado. Un canon no es una construcción inocente en el que únicamente participan argumentos estrictamente literarios; es también una construcción ideológica. Las obras que se incorporan a la tradición literaria son aquellas que en cierto modo legitiman el orden actual de las cosas. Por esta razón, aquellas obras que podrían contradecir, o al menos poner en cuestión, el relato que a la sociedad española se le ha impuesto desde arriba, dejan de leerse. Porque son obras que perturban, molestan, disienten. Claro que para que un discurso ideológico sea eficaz no puede evidenciar nunca su ideología de forma explícita, y allí entra el juego la tan cacareada “calidad literaria”: se nos dijo que no convenía leer estas novelas porque eran torpes, ramplonas, estaban mal escritas, que en ellas lo “literario” se sacrificaba a favor de lo político, etc. Y finalmente nos convencieron de que no valía la pena dedicar nuestro tiempo a leerlas, no porque fueran novelas políticas sino porque eran malas novelas.Sin embargo, ¿no era así?
Basta leerlas para comprobar que no son en absoluto malas novelas, incluso si las evaluamos según los códigos y los esquemas de análisis de los productores del gusto. Pero, independientemente de esto, desde el punto de vista del historiador de la literatura, son novelas que conviene leer y estudiar, ya que nos hablan de un periodo histórico fundamental del siglo xx español, y no tenerlas en cuenta supondría renunciar a extraer una visión de conjunto de lo que es la historia –y la historia literaria—de la España del siglo xx. Un historiador no debe estudiar solo lo que obedece a su gusto, debe estudiar todo aquello que resulte significativo para una mejor comprensión de la historia y de la historia literaria. Y estas novelas, aunque pretendan negarlo, sin duda lo son. Por eso es fundamental rescatar y leer estas novelas.¿El relato de la Transición fue el fin último de la construcción de un canon literario que necesitaba “olvidar” el realismo social para poder construir un relato de la Transición sin fisuras?
El relato, o el mito, de la Transición se construye de la siguiente manera: dos grandes hombres con grandes gestos deciden traer la democracia a España. Pero las cosas no fueron exactamente así. La democracia no fue una concesión, sino una conquista de hombres y mujeres que, durante muchos años, lucharon oponiéndose a la dictadura franquista. Esos hombres y mujeres que no salen en el relato oficial sí aparecen, con gran protagonismo, en las novelas del realismo social de los años cincuenta y sesenta.Es decir, el realismo social da voz a la silenciados por el relato oficial.
En estas novelas vemos cómo las clases subalternas de la sociedad española poco a poco van elevando su conciencia, empiezan a organizarse y a luchar contra una sociedad injusta. En las luchas que emprenden los personajes de estas novelas está el germen de lo que será la lucha antifranquista de los años sesenta y setenta, la lucha que modificará la correlación de fuerzas y que obligará a las élites franquistas a acostarse franquistas y a despertarse demócratas para sobrevivir en los nuevos tiempos. Pero esas élites no trajeron la democracia, la democracia se conquistó luchando en la calle. Y eso es lo que queda fuera del relato de la transición. Estas novelas nos recuerdan quiénes son los que lucharon, por eso, molestan y ha sido mejor olvidarlas.En tu ensayo sostienes que estas novelas muestran “las huellas de revolución y ruptura que situarían al régimen en una desfavorable correlación de fuerzas” ¿Esta correlación de fuerzas tiene su origen en el desarrollismo económico?
La incorporación de la España de Franco al bloque capitalista pasa por la aceptación de las recetas económicas FMI y OCDE, es decir, reducción de gasto público, privatizaciones, liberalización del mercado, etc. Son los años en los que el franquismo sale de la autarquía de posguerra para desarrollar una economía capitalista. España empieza a crecer, a desarrollarse, pero como nos recuerdan una vez más estas novelas –y La mina es un ejemplo muy claro– este crecimiento se debe fundamentalmente a la explotación laboral, los bajos salarios, la falta de inversión en seguridad, etc. Pero, del mismo modo, los excedentes que genera esta economía les van a permitir a los trabajadores aumentar su poder adquisitivo y empezar a formar parte de la sociedad de consumo. Hay una frase del ministro de Vivienda de Franco que es muy significativa: convertir a los proletarios en propietarios. Los proletarios se convierten en propietarios y poco a poco empiezan a formar parte de la llamada clase media. Podríamos pensar, como de hecho se piensa, que por medio del consumo el capital domestica a una clase trabajadora que a medida que ve aumentar su poder adquisitivo y se adentra en la sociedad de consumo empieza a olvidar sus reivindicaciones de clase.¿Una especie de alienación?
Aunque en realidad el argumento funciona, no fue exactamente así, ya que esto supondría otorgarle demasiada inteligencia estratégica al capital. Creo que el aumento del poder adquisitivo de la clase obrera tampoco es un regalo, sino el resultado de sus luchas.Dice Bértolo que el “certificado de homologación” recae solamente en aquellas obras que tienen como “espacio narrativo la alienación existencial de las clases medias” ¿Podemos afirmar que el realismo social ejerció y, en parte, ejerce como relato contra-hegemónico?
Sin duda. Y en las palabras de Constantino Bértolo que citas creo que está ya la respuesta. Pero vamos a ponerle nombre: Tiempo de silencio, por ejemplo, que es una novela muy interesante y nos ofrece una riquísima radiografía de la sociedad española de la época, ha recibido ese “certificado de homologación” precisamente porque habla de la alienación existencial de las clases medias, no de cómo la explotación laboral de la clase obrera –que en ocasiones acaba con la muerte– es la que permite el desarrollo de las fuerzas capitalistas en España.Hablamos de realismo social, pero en verdad tú terminas reivindicando el realismo socialista. ¿Todavía hoy, como diría García Hortelano, hay pudor en hablar de realismo socialista y a qué se debe?
En un momento del ensayo siento la necesidad de establecer una distinción entre realismo social y realismo socialista para poner un poco de luz en la confusión terminológica que existe en este campo de estudio. Porque normalmente, y bajo la etiqueta de “realismo social”, se encuentran novelas que no tienen nada que ver unas con otras. La diferencia entre realismo social y el socialista es su intención “implicativa”: si el realismo social indaga la realidad que describe para explicar, de manera sociológica, cómo las condiciones sociales determinan la conducta de los seres humanos, el realismo socialista describe la realidad con la intención de transformarla políticamente. Sin embargo, seguimos hablando de “realismo social”. No sé si, como decía Hortelano, se trata de pudor, pero de lo sí que se trata, seguro, es de política. La ideología literaria dominante, que concibe la literatura como un discurso autónomo que no interviene en lo político y en lo social, desplaza de la esfera pública discursiva cualquier proyecto literario que tenga, entre sus pretensiones, la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, una sociedad sin explotación. Por eso siguen existiendo, todavía hoy, tantas reticencias a llamar a las cosas por su nombre.En su crítica de La Mina, Belén Gopegui desarma la crítica literaria. ¿La afirmación de que lo político se imponía a lo literario era, por tanto, una excusa, una “ignorancia interesada” en vistas a crear un conveniente sistema literario?
El análisis de Belén Gopegui, que incorporo a mi libro, es muy interesante, ya que en él se muestra la doble vara de medir que utiliza la crítica cuando desprecia una novela como La mina. Si el protagonista de La mina, dice Gopegui, hubiera sido «escritor o piloto de avión, pianista, detective, profesor de universidad, y si su trayectoria hubiera estado descrita con los exactos recursos literarios que encontramos en La mina, La mina sería ahora una gran novela». Por lo tanto, sí, comparto plenamente el diagnóstico de Bértolo cuando habla de “ignorancia interesada”: nos hicieron creer, como decía al principio, que eran novelas que estaban mal escritas y por eso dejamos de leerlas, que por su proyecto político estas novelas maltrataron el estilo y el lenguaje, y que por lo tanto eran poco literarias. No convenía leerlas, y nos convencieron. Todos estos años de olvido demuestran que nos terminaron convenciendo. Por eso es tan importante volver a leerlas y a estudiarlas.¿Crees que este sistema literario, conformado y asentado durante la Transición, gracias en parte a la prensa escrita, empieza hoy a desquebrajarse?
Creo que sí. Y lo creo por dos motivos: el primero es porque en los últimos años, y coincidiendo con la crisis del régimen del 78, se han empezado a cuestionar también a los intelectuales orgánicos del régimen del 78. Libros como La desfachatez intelectual de Ignacio Sánchez Cuenca, La nación singular de Luisa Elena Delgado o El cura y los mandarines de Gregorio Morán, pero también las críticas que han recibido autores como Javier Cercas, Antonio Muñoz Molina, Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte –que ellos han leído como si de una crítica personal se tratara–, demuestra que todo un sistema de ideas y de valores se está desquebrajando. Eso es, en parte, una crisis de régimen: la ruptura de un consenso, que no es solo político sino también –y, sobre todo– cultural.¿El segundo motivo?
El segundo motivo acaso se encuentre en la búsqueda de nuevos referentes justo cuando los viejos referentes empiezan a ser cuestionados. Es muy interesante observar cómo, en estos años de crisis de régimen, la sociedad española ha empezado a leer de otra manera su tradición literaria y ha empezado a buscar y a rescatar obras que habían sido olvidadas. Un ejemplo claro acaso se encuentre en Tea rooms de Luisa Carnés, una novela de los años treinta que nunca se había publicado en democracia, y que ha publicado recientemente Hoja de Lata, y que lleva ya, si no he perdido la cuenta, cinco ediciones. La sociedad española necesita conocer su pasado y también desenterrar a los autores y autoras que hemos olvidado. Queremos conocer otro relato de nuestra historia, porque ya no nos creemos más la historia que nos contaron. Con El realismo social. Historia de un olvido, como previamente hice con mi edición crítica de La mina de Armando López Salinas, quiero contribuir al rescate de una literatura olvidada, a la construcción de una historia distinta.En otros textos tuyos te has mostrado muy crítico hacia la representación literaria que, en parte, todavía se hace de la Guerra Civil y la Transición.
No quería decirlo, pero sí, yo también he intentado poner mi granito de arena en esa ruptura del consenso cultural. Mis ensayos La novela de la no-ideología (Tierradenadie, 2013) y La Guerra Civil como moda literaria (Clave Intelectual, 2015) iban en esta dirección. Los dos ensayos tienen en común la crítica radical a la narrativa y la ideología literaria dominante en España de las últimas décadas. Es decir, una literatura donde lo político y lo social desaparece, se borra, se desplaza a favor de una lectura de los conflictos en clave individualista, psicologista o moral; en estas novelas todo el conflicto se encuentra en el yo, en el interior del individuo, la verdad nunca está ahí fuera. Según estas novelas, lo que nos pasa nunca tiene una causa política, por lo tanto, para resolver lo que nos pasa no es necesario hacerlo políticamente, sino individualmente. No hay que luchar contra el sistema para resolver el conflicto, hay que luchar contra nosotros mismos, adaptarnos a las circunstancias, como dicta la lógica neoliberal.Fuente: http://theobjective.com/further/david-becerra-contra-la-ideologizacion-del-canon/
Etiquetas:
Ana Maria Iglesia,
Belén Gopegui,
El realismo social en España,
Entrevista,
La Guerra Civil como moda literaria,
La mina,
La novela de la no-ideología,
Luisa Elena Delgado,
Tea rooms,
The Objective
martes, 29 de agosto de 2017
El confidencial - El realismo social en España. Historia de un olvido
Víctor Lenore
David Becerra Mayor es uno de los críticos más
rigurosos y tenaces de nuestro panorama cultural. Doctor en Literatura
Española, público el demoledor 'La Guerra Civil como moda literaria'
(2015), donde explicaba la dulcificación y desactivación política de la
mayoría de los relatos sobre el levantamiento fascista. Su intención
siempre ha sido descubrir los hilos invisibles que dominan nuestra
narrativa. Queda claro, ya desde el título, en obras como 'La novela de
la no-ideología' (2013) y 'Convocando al fantasma. Novela crítica en la
España actual' (2015). Denuncia el rechazo de nuestra industria cultural
a reconocer el valor artístico de los escritores que nos muestran el
lado más conflictivo del país.
Ahora publica 'El realismo social en España. Historia de un olvido'
(Quodlibet), que podemos describir como la crónica de un enterramiento
interesado, que busca ocultar una parte crucial de nuestro pasado
reciente.
PREGUNTA. ¿El problema que tenemos es una crítica literaria demasiado de derechas?

RESPUESTA.
No diría tanto. Más bien, forma parte del bloque histórico que ha
dominado España en las últimas décadas. De manera consciente o
inconsciente, la crítica reproduce el consenso de la Transición y el
consenso neoliberal. Por un lado, menosprecia aquellas obras literarias
que cuestionan el relato de la Transición. Por ejemplo 'La mina' de
Armando López Salinas, escrita y publicada en 1959, que nos habla de
cómo se va construyendo un movimiento de resistencia popular durante la
conformación del llamado desarrollismo económico franquista. Los
protagonistas, pertenecientes a la clase obrera, elevan su conciencia
para mejorar su situación y en muchos casos pierden la vida peleando por
un futuro mejor. Ellos son una parte importante de quienes luego
lucharán por la libertad y la democracia en España. Porque conviene
recordarlo: la democracia no es una concesión de los poderosos, como
reza el relato de la Transición, que convierte en protagonistas de la
historia al rey y a Adolfo Suárez. La democracia es una conquista.
P. ¿Se usa el concepto de 'calidad literaria' con motivos políticos?
La ‘calidad’
funciona como un subterfugio. La crítica no va a anunciar de forma
explícita que arranca estas páginas de la historia de la literatura
porque son obras que ponen en entredicho el consenso de la Transición.
La crítica, para ser eficaz, tiene que parecer crítica. Y se utilizan
argumentos de calidad para ello. Nos han convencido de que no debemos
perder el tiempo leyendo estas novelas porque están mal escritas, porque
son torpes en su estructura literaria, porque su lenguaje es vulgar,
etcétera. Son argumentos que podemos asumir acríticamente si no hemos
leído esos textos, pero que se deshacen cuando das una oportunidad a
'Central eléctrica' de Jesús López Pacheco o 'La piqueta' de Antonio
Ferres, entre otras.
P. ¿Sigue funcionando ese truco?
R.
Sí. De hecho, en España, con algunas excepciones, la crítica literaria
no hace críticas negativas, sobre todo cuando se trata de autores
españoles. Solamente encontramos críticas negativas a novelas con un
planteamiento político, con un compromiso social.
P. ¿Nos puedes poner un par de ejemplos?

R.
Recuerdo cuando Belén Gopegui publicó 'El padre de Blancanieves' (2007)
.El objetivo de los protagonistas consiste en hacer política en el
puesto de trabajo y tratar de transformar el mundo desde el lugar en el
que se producen las mercancías. Su propuesta nada tiene que ver con la
lucha obrera tradicional. Para llevar a cabo su acción, los personajes,
fuera de partidos políticos y sindicatos, se reunían en asamblea, en una
estructura organizativa horizontal, verdaderamente democrática. La
crítica, además de lamentar el modo en que Belén Gopegui sacrificara su
talento al poner la literatura al servicio de una causa política, de
hacer de la literatura un sermón, acusó a la escritora de nostálgica, de
hablar de una juventud que ya no existía, de estar cometiendo un
anacronismo al hacer pasar como un acontecimiento del presente una forma
de organización política que había desaparecido en la década de los
setenta.
Cuatro años después, tuvo lugar el 15M, cuya forma de
organización se asemeja mucho a la que mostraba Gopegui en su novela. No
es que los jóvenes de la Puerta del Sol, y de las otras plazas de
nuestra geografía, hubieran leído 'El padre de Blancanieves' y, para
organizarse, se inspiraron en los personajes. Nada de eso. Simplemente,
en la novela de Gopegui estaba el germen, el malestar de una sociedad
que empezaba a buscar la política en otras partes, situándose en los
márgenes de los centros de poder. Gopegui lo buscaba en la literatura y
la ciudadanía lo encontró en las plazas. Supo anticiparse y advertirnos
que, como se dice en la novela, "la catástrofe se acerca: están
dispuestos a arramblar con todo".
P. ¿Me das otro ejemplo?
R.
Más reciente es 'Made in Spain' (2014) de Javier Mestre, una novela
sobre la imposibilidad de un capitalismo con rostro humano en una
fábrica de zapatos en el País Valenciano. La crítica, claro, se despachó a
gusto y la tildó de maniquea, habló de su “banalidad discursiva”, de su
“excesivo prosaísmo” y sus “reiteraciones”. Es decir, los mismos
argumentos que han esgrimido tradicionalmente para desterrar el realismo
social.
P. Tu ensayo afirma que el realismo social de
mitad del siglo XX fue un sustituto del periodismo, ya que el franquismo
prohibió la prensa libre.
R.
Ese era uno de los objetivos de estas novelas, tal y como lo escribió
Juan Goytisolo en su ensayo 'El furgón de cola'. Goytisolo planteaba
que, a falta de medios de información veraces en España, la función de
la literatura era suplantar la función del periodista para de este modo
corregir el desajuste que existía entre la realidad “real” y la realidad
“contada” por los aparatos de prensa y propaganda de Franco. En este
sentido, estas novelas sí nos permiten conocer la vida de los de abajo.
De hecho, Goytisolo decía en su ensayo que la función testimonial de
estas novelas obligaría al futuro historiador de la sociedad española a
acudir a ellas para “reconstruir la vida cotidiana del país a través de
la espesa cortina de humo y silencio de nuestros diarios”.
P. Otra tesis crucial de 'El realismo social en España' es que la censura de mercado es tan eficiente o más que la de Estado.
R.
El mercado literario convierte al lector en un cliente y, como se sabe,
el cliente siempre tiene la razón. No hay que morder la mano que da de
comer. Como buen vendedor, el novelista tiene que agasajarle, mimarle,
seducirle. En este sentido, el crítico Ignacio Echevarría decía, con
suma ironía, que hemos pasado de la novela social a la novela sociable.
Entonces, y como afirma Constantino Bértolo en su libro 'La cena de los
notables', la poética de los escritores en la actualidad no es otra que
el marketing. Esto genera estrategias de censura y autocensura, formas
de domesticación del pensamiento, que no me atrevería a afirmar si son
tan represivas como las que ejerce una dictadura, pero sí son al menos
tan eficientes en la medida en que impiden la libre circulación de
pensamiento crítico.
domingo, 23 de julio de 2017
Narrativas del país. Universidad de Verano de Podemos.
Debate "Narrativas del país. Pretérito imperfecto" en la Universidad de Verano de Podemos, Cádiz.8 de julio de 2017. Participan: Cristina Fallarás, Benito Zambrano y David Becerra.
Etiquetas:
Benito Zambrano,
conflicto de memorias,
Cristina Fallarás,
La Guerra Civil como moda literaria,
memoria histórica,
Universidad de Verano de Podemos
Participación en Mesa Redonda - Cubavisión
Programa Mesa Redonda.
Intelectuales antimperialistas españoles o residentes en España que recientemente celebraron junto a colegas cubanos el 80 aniversario del II Congreso en Defensa de la Cultura, animan los debates en torno a la responsabilidad y el compromiso de los creadores con sus sociedades.
Intelectuales antimperialistas españoles o residentes en España que recientemente celebraron junto a colegas cubanos el 80 aniversario del II Congreso en Defensa de la Cultura, animan los debates en torno a la responsabilidad y el compromiso de los creadores con sus sociedades.
Presenta: Arleen Rodríguez Derivet
Intervienen: Carmen Domingo, Pascual Serrano, Carlo Frabetti, David Rodríguez y David Becerra Mayor.
Emitido: 21 de julio de 2017. Cubavisión.
Emitido: 21 de julio de 2017. Cubavisión.
Etiquetas:
Arleen Rodríguez Derivet,
Carlo Frabetti,
Carmen Domingo,
Congreso de Escritores Antifascistas,
Cuba,
Cubavisión,
David Rodríguez,
La Guerra Civil como moda literaria,
Mesa Redonda,
Pascual Serrano
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

