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martes, 29 de agosto de 2017

El confidencial - El realismo social en España. Historia de un olvido

 Víctor Lenore


David Becerra Mayor es uno de los críticos más rigurosos y tenaces de nuestro panorama cultural. Doctor en Literatura Española, público el demoledor 'La Guerra Civil como moda literaria' (2015), donde explicaba la dulcificación y desactivación política de la mayoría de los relatos sobre el levantamiento fascista. Su intención siempre ha sido descubrir los hilos invisibles que dominan nuestra narrativa. Queda claro, ya desde el título, en obras como 'La novela de la no-ideología' (2013) y 'Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual' (2015). Denuncia el rechazo de nuestra industria cultural a reconocer el valor artístico de los escritores que nos muestran el lado más conflictivo del país.

Ahora publica 'El realismo social en España. Historia de un olvido' (Quodlibet), que podemos describir como la crónica de un enterramiento interesado, que busca ocultar una parte crucial de nuestro pasado reciente.

PREGUNTA. ¿El problema que tenemos es una crítica literaria demasiado de derechas?
Portada
RESPUESTA. No diría tanto. Más bien, forma parte del bloque histórico que ha dominado España en las últimas décadas. De manera consciente o inconsciente, la crítica reproduce el consenso de la Transición y el consenso neoliberal. Por un lado, menosprecia aquellas obras literarias que cuestionan el relato de la Transición. Por ejemplo 'La mina' de Armando López Salinas, escrita y publicada en 1959, que nos habla de cómo se va construyendo un movimiento de resistencia popular durante la conformación del llamado desarrollismo económico franquista. Los protagonistas, pertenecientes a la clase obrera, elevan su conciencia para mejorar su situación y en muchos casos pierden la vida peleando por un futuro mejor. Ellos son una parte importante de quienes luego lucharán por la libertad y la democracia en España. Porque conviene recordarlo: la democracia no es una concesión de los poderosos, como reza el relato de la Transición, que convierte en protagonistas de la historia al rey y a Adolfo Suárez. La democracia es una conquista.

P. ¿Se usa el concepto de 'calidad literaria' con motivos políticos?
La ‘calidad’ funciona como un subterfugio. La crítica no va a anunciar de forma explícita que arranca estas páginas de la historia de la literatura porque son obras que ponen en entredicho el consenso de la Transición. La crítica, para ser eficaz, tiene que parecer crítica. Y se utilizan argumentos de calidad para ello. Nos han convencido de que no debemos perder el tiempo leyendo estas novelas porque están mal escritas, porque son torpes en su estructura literaria, porque su lenguaje es vulgar, etcétera. Son argumentos que podemos asumir acríticamente si no hemos leído esos textos, pero que se deshacen cuando das una oportunidad a 'Central eléctrica' de Jesús López Pacheco o 'La piqueta' de Antonio Ferres, entre otras.

P. ¿Sigue funcionando ese truco?
R. Sí. De hecho, en España, con algunas excepciones, la crítica literaria no hace críticas negativas, sobre todo cuando se trata de autores españoles. Solamente encontramos críticas negativas a novelas con un planteamiento político, con un compromiso social.

P. ¿Nos puedes poner un par de ejemplos?
Portada
R. Recuerdo cuando Belén Gopegui publicó 'El padre de Blancanieves' (2007) .El objetivo de los protagonistas consiste en hacer política en el puesto de trabajo y tratar de transformar el mundo desde el lugar en el que se producen las mercancías. Su propuesta nada tiene que ver con la lucha obrera tradicional. Para llevar a cabo su acción, los personajes, fuera de partidos políticos y sindicatos, se reunían en asamblea, en una estructura organizativa horizontal, verdaderamente democrática. La crítica, además de lamentar el modo en que Belén Gopegui sacrificara su talento al poner la literatura al servicio de una causa política, de hacer de la literatura un sermón, acusó a la escritora de nostálgica, de hablar de una juventud que ya no existía, de estar cometiendo un anacronismo al hacer pasar como un acontecimiento del presente una forma de organización política que había desaparecido en la década de los setenta.
Cuatro años después, tuvo lugar el 15M, cuya forma de organización se asemeja mucho a la que mostraba Gopegui en su novela. No es que los jóvenes de la Puerta del Sol, y de las otras plazas de nuestra geografía, hubieran leído 'El padre de Blancanieves' y, para organizarse, se inspiraron en los personajes. Nada de eso. Simplemente, en la novela de Gopegui estaba el germen, el malestar de una sociedad que empezaba a buscar la política en otras partes, situándose en los márgenes de los centros de poder. Gopegui lo buscaba en la literatura y la ciudadanía lo encontró en las plazas. Supo anticiparse y advertirnos que, como se dice en la novela, "la catástrofe se acerca: están dispuestos a arramblar con todo".

P. ¿Me das otro ejemplo?
R. Más reciente es 'Made in Spain' (2014) de Javier Mestre, una novela sobre la imposibilidad de un capitalismo con rostro humano en una fábrica de zapatos en el País Valenciano. La crítica, claro, se despachó a gusto y la tildó de maniquea, habló de su “banalidad discursiva”, de su “excesivo prosaísmo” y sus “reiteraciones”. Es decir, los mismos argumentos que han esgrimido tradicionalmente para desterrar el realismo social.

P. Tu ensayo afirma que el realismo social de mitad del siglo XX fue un sustituto del periodismo, ya que el franquismo prohibió la prensa libre.
R. Ese era uno de los objetivos de estas novelas, tal y como lo escribió Juan Goytisolo en su ensayo 'El furgón de cola'. Goytisolo planteaba que, a falta de medios de información veraces en España, la función de la literatura era suplantar la función del periodista para de este modo corregir el desajuste que existía entre la realidad “real” y la realidad “contada” por los aparatos de prensa y propaganda de Franco. En este sentido, estas novelas sí nos permiten conocer la vida de los de abajo. De hecho, Goytisolo decía en su ensayo que la función testimonial de estas novelas obligaría al futuro historiador de la sociedad española a acudir a ellas para “reconstruir la vida cotidiana del país a través de la espesa cortina de humo y silencio de nuestros diarios”.

P. Otra tesis crucial de 'El realismo social en España' es que la censura de mercado es tan eficiente o más que la de Estado.
R. El mercado literario convierte al lector en un cliente y, como se sabe, el cliente siempre tiene la razón. No hay que morder la mano que da de comer. Como buen vendedor, el novelista tiene que agasajarle, mimarle, seducirle. En este sentido, el crítico Ignacio Echevarría decía, con suma ironía, que hemos pasado de la novela social a la novela sociable. Entonces, y como afirma Constantino Bértolo en su libro 'La cena de los notables', la poética de los escritores en la actualidad no es otra que el marketing. Esto genera estrategias de censura y autocensura, formas de domesticación del pensamiento, que no me atrevería a afirmar si son tan represivas como las que ejerce una dictadura, pero sí son al menos tan eficientes en la medida en que impiden la libre circulación de pensamiento crítico.

domingo, 23 de julio de 2017

Narrativas del país. Universidad de Verano de Podemos.

Debate "Narrativas del país. Pretérito imperfecto" en la Universidad de Verano de Podemos, Cádiz.8 de julio de 2017. Participan: Cristina Fallarás, Benito Zambrano y David Becerra.



Participación en Mesa Redonda - Cubavisión

Programa Mesa Redonda.
Intelectuales antimperialistas españoles o residentes en España que recientemente celebraron junto a colegas cubanos el 80 aniversario del II Congreso en Defensa de la Cultura, animan los debates en torno a la responsabilidad y el compromiso de los creadores con sus sociedades.
Intervienen: Carmen Domingo, Pascual Serrano, Carlo Frabetti, David Rodríguez y David Becerra Mayor.
Emitido: 21 de julio de 2017. Cubavisión. 

sábado, 17 de junio de 2017

InfoLibre - El regreso de Luisa Carnés

Clara Morales

Daniel Álvarez y Laura Sandoval, editores de Hoja de Lata, exhiben con orgullo una fotografía. En la pantalla del móvil se ve a una chica joven de pie en un vagón del metro de Madrid, enfrascada en su lectura. La portada reza: "Tea Rooms. Mujeres obreras". La autora: Luisa Carnés. La menciona de nuevo Juan Ramón Puyol, nieto de la escritora, con la misma satisfacción. Hace un año, ni él, ni nadie de su familia, ni los editores del volumen podían soñar con esa imagen. Hace un año, esa joven no conocía a la autora que ahora lee. Tampoco lo hacían las otras 4.000 personas que se han hecho con el libro. Seguramente, tampoco la conocían los funcionarios del Ayuntamiento de Madrid que ahora ultiman los detalles para poner una placa en su honor en la calle en la que vivió.

El proceso de recuperación de la memoria de Luisa Carnés ha sido vertiginoso. Hasta el verano de 2016, los herederos de esta escritora de origen obrero, autodidacta y comunista aspiraban humildemente a que un reducido círculo de académicos contara con ella en sus estudios sobre la Generación del 27, sobre los autores españoles exiliados a Latinoamérica tras la Guerra Civil. El contacto con los lectores de hoy parecía todavía lejano, y acaso imposible. Pero llegó la publicación de Tea Rooms por Hoja de Lata, sello asturiano a cargo también de Trece cuentos (1931-1963), en librerías desde hace unas semanas. Si la lectora del metro es el último eslabón de una cadena de memoria, los editores serían el penúltimo. Antes de ellos, familiares, amigos y estudiosos tuvieron bien presente el rostro de la escritora. Así es cómo se salvó el nombre de Luisa Carnés de la crueldad del olvido. 

Quienes sí la recordaban eran, claro, sus familiares. Ramón Puyol, el hijo por el que se puso a trabajar como empleada de una confitería en jornadas de 10 horas por tres pesetas, la experiencia que luego plasmaría en Tea Rooms. Mujeres obreras, un título publicado en 1934 bajo la categoría de "novela-reportaje". El hijo con el que pasaría la guerra y con el que huiría a Francia, sabedora de que su compromiso con el PCE le traería problemas. El hijo que, a los siete años, cruzaría el océano con ella para entrar a México por Nuevo Laredo (Tamaulipas), el 23 de mayo de 1939. En los documentos expedidos por el Servicio de Migración mexicano se leía "exiliada política". El hijo que descubriría luego que su madre había sido una pionera, escritora y periodista cuando a las mujeres les era imposible la entrada en el oficio, fichaje del primer holding editorial de España, defensora del voto femenino y de la República. El hijo que quedó huérfano en 1964, en un accidente de tráfico del que salieron ilesos él mismo y el poeta Juan Rejano, pareja de Luisa. Ella tenía 59 años.  
 
Ese hijo sigue aún vivo, con la memoria intacta pero dificultades para hablar. Lo hace por él su hijo, Juan Ramón Puyol, portavoz de la familia en este lío. "Está muy contento de descubrir todo esto alrededor de su madre. Está desbordado de emociones", cuenta. Durante años, la trágica muerte de la abuela —que empezaba, después de muchos esfuerzos, a hacerse un nombre en tierras mexicanas— fue un tabú: "Ahí fue cuando te das cuenta de que algo así, que son estadísticas de fin de semana, te marca para toda la vida". El trauma familiar empezó a sanarse en torno a 2002, cuando el historiador Antonio Plaza aparece en escena. Les propone entonces recuperar la novela El eslabón perdido para la serie Biblioteca del exilio de la editorial sevillana Renacimiento, dedicada a la recuperación de los autores que huyeron del fascismo. "Lo que consigue Antonio", dice Puyol, "es abrir la caja en la que mi padre había guardado las cosas de Luisa. Muy poco a poco, con paciencia, porque mi padre la tenía en un altar". Una vez abierta, ya no hay vuelta atrás.   

Con el beneplácito de la familia, Plaza siguió investigando y publicando sobre ella: su teatro, su compromiso social, su reivindicación de los derechos de la mujer trabajadora... La pasión de este profesor del instituto Blas de Otero de Madrid se acabó contagiando. Por ejemplo, a la filóloga mexicana Iliana Olmedo, que publicó en 2014, de nuevo con Renacimiento, una reelaboración de su tesis en Itinerarios del exilio. La obra narrativa de Luisa Carnés. La familia veía con sorpresa cómo se editaba una completa semblanza de la abuela con datos que en ocasiones ellos mismos desconocían. Pero faltaban los lectores alejados de lo académico que no frecuentarían necesariamente una colección dedicada a la recuperación histórica. No era un salto pequeño. 

El siguiente eslabón sería David Becerra, crítico literario que asistió, afortunadamente, a la conferencia de la profesora Raquel Arias Careaga sobre Tea Rooms "cuando ni de la novela ni de la autora apenas casi nadie sabía casi nada". Era 2014, que Juan Ramón Puyol ha bautizado ya como "el año Luisa Carnés". No solo se publicó el libro de Olmedo, también vio la luz en Renacimiento De Barcelona a la Bretaña francesa, crónicas de exilio de la autora. Y la asociación de libreros de segunda mano Lance decidió publicar, para festejar el 80º aniversario de la muerte de Luisa Carnés, su Tea Rooms en edición facsimilar y tirada minúscula. Becerra pudo hacerse con uno de aquellos ejemplares. "Comprendí por qué había sido olvidada, triplemente olvidada: por comunista, por exiliada y por mujer", dice. "El canon literario español del siglo XX se construye —conviene no olvidar las relaciones entre canon e ideología— durante el franquismo, y el canon que hemos recibido ha dejado fuera —ha expulsado, podríamos decir— toda una tradición literaria realista, social, comprometida."
 
Justamente de esto hablaban, en el tercer tiempo de una presentación allá por 2015, Becerra y los editores de Hoja de Lata. La conversación les llevó de la obra de Upton Sinclair, en la que los tres trabajaban, hasta "la necesidad de rescatar a los autores que viven en los márgenes del canon". Becerra les habló de una magnífica novela que acababa de leer, una rareza entre la ficción y el periodismo que miraba a las invisibles obreras de los años treinta. Daniel Álvarez y Laura Sandoval le hicieron caso y la leyeron. "Alucinamos hasta tal punto que alteramos totalmente la programación del semestre", cuenta él. La cadena se puso en marcha. Llamaron a Becerra de inmediato, que a su vez llamó a Plaza, que a su vez llamó a Puyol. "Fueron todo facilidades, ilusión por hablar de la obra de la abuela", recuerda el editor. Lo que no imaginaban era la respuesta del público. 4.000 ejemplares vendidos, un éxito absoluto para la editorial, para el mundo de los libros independientes e incluso para el mundo editorial en general, cuya tirada media es de 2.800.
  
"Tea Rooms habla de temas que desgraciadamente son hoy parte de nuestro día a día. Cuando la leemos, estamos haciendo un ejercicio de recuperación de nuestra memoria histórica literaria, pero esta lectura del pasado nos conecta de inmediato con nuestro presente", analiza Becerra. En su opinión, esta es una evidencia de que las novelas sociales, tan denostadas por cierta parte de la crítica, no han perdido "ni la razón de ser ni el interés". Una demostración de ello es la apuesta de Hoja de Lata por recuperar trece de sus mejores relatos, dos de ellos inéditos y encontrados en la cartera que la escritora llevó con ella al exilio como su posesión más preciada. "El gran riesgo que corre Luisa es que sea autora de una sola obra", reflexiona Álvarez. Por eso hay sido especialmente exigentes con la calidad de los cuentos, que no podían "decepcionar a los lectores de Tea Rooms". Después de la experiencia, hay una pregunta que sobrevuela sus cabezas: "¿Cuántas Luisas Carnés habrá por ahí, acosadas por el olvido?". 

Juan Ramón Puyol lleva un año dedicado por completo a la abuela. Presentaciones, entrevistas, ferias del libro. Se ha sumergido aún más en la obra de Carnés, esa presencia fantasmal de la primera infancia. Ha recorrido las calles que ella pisaba haciendo cuentas: ¿dónde vivió Luisa? ¿Cuál era la cafetería de la que habla en Tea Rooms? Hace poco, recopilando datos para instalar la placa dedicada a la escritora, se plantó ante el número de la calle Lope de Vega en el que parece que vivió. "Según íbamos subiendo la escalera, ascendiendo en la buhardilla, te das cuenta de que estás metido en un cuento", recuerda. Se refiere a "En casa", un relato de 1950 editado en Trece Cuentos en el que la autora describe el regreso de un preso a su hogar. De alguna manera, Puyol estaba también volviendo a casa. La presencia física de la abuela, sin embargo, y por mucho que se acerque a su escritura, se desvanece. "Confías demasiado en la literatura", le dijo la escritora Laura Freixas. Los Puyol Carnés no podrán recuperar nunca del todo a la abuela perdida. Los lectores —la lectora que pasaba con avidez las hojas de Tea Rooms en el metro— sí lo han hecho.