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domingo, 21 de octubre de 2018

Congreso "Con la posguerra en el retrovisor"



Con la posguerra en el retrovisor


Las representaciones culturales del periodo franquista en la democracia (1975-2018)


Congreso Internacional
5 y 6 de noviembre de 2018
KANTL Centrum (Gante)

 Más info: http://www.posguerra.ugent.be/

Organizadores:
Universidad de Gante
Universidad de Amberes
Coordinadores:
Prof. Dra. Elizabeth Amann
Prof. Dra. Diana Arbaiza
Dra. María Teresa Navarrete
Dr. Nettah Yoeli-Rimmer










Programa:

domingo, 7 de mayo de 2017

Jornadas Interancionales "Una asamblea de Quijotes, un batallón de voluntarios con gafas. El Congreso de Escritores Antifascistas 80 años después (1937-2017)

10 de mayo, en la Universidad Complutense de Madrid.
Conferencia ""'Defiéndannos, ustedes que saben escribir'. Alejo Carpentier en la Guerra Civil española", en el marco de las Jornadas Internacionales "Una asamblea de Quijotes, un batallón de voluntarios coon gafas. El Congreso de Escritores Antifascistas, 80 años después (1937-2017)".




miércoles, 29 de marzo de 2017

Atlántica XXII - Entrevista sobre La Guerra Civil como moda literaria

David Becerra en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

David Becerra (Granollers 1984) es doctor en Literatura por la Universidad Autónoma de Madrid y en la actualidad profesor de Literatura Española en la Universidad de Lieja. Su tesis doctoral, convertida en el libro La Guerra Civil como moda literaria, es un afilado y pormenorizado estudio de la literatura española reciente sobre la guerra. Estuvo recientemente en Oviedo invitado por la asociación cultural La Ciudadana y el local Cambalache. Colabora con la editorial asturiana Hoja de Lata y ha sido uno de los responsables de la reedición por ésta de la novela Tea Rooms. Mujeres obreras, escrita en 1934 por la madrileña Luisa Carnés, una autora olvidada por su condición de “mujer, exiliada y comunista”.

Diego Díaz / Historiador.

¿Qué tienen en común la mayoría de las novelas actuales que hablan sobre la Guerra Civil?
La guerra se ha convertido en un escenario muy común, pero que tiende a ser poco más que un telón de fondo para narraciones de intriga, amor o aventuras que en general suelen estar muy despolitizadas. Los protagonistas de la mayoría de las novelas españolas recientes ambientadas en la guerra suelen ser personajes despolitizados, presentados como personas normales y comunes, sin demasiada conciencia social, atrapados en un conflicto armado que muchas veces se trata por parte de los novelistas desde la equidistancia, borrando su carácter político. Que hubiera muchas personas despolitizadas en 1936 no debería ocultar la clave política que está en el origen del conflicto. Parece como si los autores hubieran asumido esa idea conservadora de que hemos llegado a “el final de la historia”, un presente afortunadamente “aburrido y democrático”, como dice Almudena Grandes, y por eso proyectan en el pasado también a personajes no politizados que se parecen más a nosotros.

Parece una reivindicación de esa llamada “Tercera España”, democrática, liberal, republicana, pero no revolucionaria, que también se ha puesto de moda.
La “Tercera España” es un concepto de Santos Juliá que viene a decir que entre unos y otros acabaron con la República. Es un concepto tramposo y equidistante que iguala a golpistas y resistentes. Hay que recordar que la República no era un bando, era el Gobierno legítimo contra el que se levantaron los golpistas.

¿Cuándo comienza ese boom de novelas sobre la Guerra Civil?
Más o menos yo lo sitúo entre 2003 y 2004 con la publicación de La voz dormida, Soldados de Salamina y Los girasoles ciegos. En 2004 sube el número de novelas publicadas ambientadas en la contienda y hay escritores de prestigio como Muñoz Molina, Almudena Grandes o Eduardo Mendoza que se suben a esta moda literaria, que solo comienza a descender a partir de 2010. Parecía que la moda literaria de la Guerra Civil iba a ser sustituida por una nueva moda de novelas sobre la Transición democrática, pero creo que el 15-M con su impugnación del relato oficial sobre la Transición ha detenido esta corriente.

¿Hablar de moda literaria tiene algo de peyorativo?
No. Trato de recoger ese término como algo objetivo, es decir, como algo que funciona dentro del mercado literario y tiene unos códigos comunes y reconocibles.

Nin y el POUM
¿Es posible separar la calidad literaria de una novela de su contenido político? ¿Cuál sería una novela sobre la guerra interesante desde el punto de vista estético, más allá de sus valores políticos?
No creo que exista esa distinción tan clara entre lo político y lo literario, que podamos aislar ideología y literatura. Soldados de Salamina es una muy buena novela desde el punto de vista de los productores del gusto literario, pero ideológicamente es una suerte de revisionismo histórico, no a lo César Vidal o Pío Moa, tan burdo, pero sí de forma intelectualizada termina poniendo en el mismo lugar a víctimas y verdugos. Creo que si una novela funciona bien políticamente y construye una noción de memoria fuerte, es porque también funciona bien desde el punto de vista literario. Una buena novela sobre la guerra debería mostrar la continuidad que ha habido en España entre quienes ganaron la guerra y quienes a día de hoy detentan el poder, en lugar de concluir con el “final feliz” de la Transición, que es a donde nos conducen muchas de las obras de esta literatura reciente. La mayoría de los autores no viajan al pasado para transformar el presente, sino que lo miran como algo lejano, que no nos pertenece y que está definitivamente concluido.

¿Ejemplos de esas buenas novelas políticas sobre la guerra?
Lunas de agosto de Justo Vila Izquierdo, Otra maldita novela de la Guerra Civil de Isaac Rosa, Los rojos de ultramar de Jordi Soler y Maquis de Alfons Cervera.

Dentro de esta moda literaria de la que habla, parece haber otro subgénero que son las ficciones que tienen que ver con la guerra dentro de la guerra en la zona antifascista, el POUM, mayo de 1937 y las purgas estalinistas en España.
Probablemente sea un efecto de la película de Ken Loach Tierra y libertad y del interés despertado a raíz de ésta por el secuestro y desaparición de Andreu Nin, el fundador del POUM. Lo curioso es que muchos de los abordan en sus narraciones la cuestión del POUM no lo hacen porque sean trotskistas o simpatizantes de Nin, sino por anticomunismo. No les interesa tanto reivindicar la memoria del POUM como convertir al comunismo y a la URSS en el antagonista de la narración, en la que el franquismo desaparece.

¿Y el cine sobre la guerra?
La sensación es que hay muchas películas españolas sobre la guerra. Recuerdo aquel gag en una gala de los Goya en el que el Gran Wyoming proponía entregar a Franco el Goya honorífico por su contribución al cine español. Creo de todas formas que quedan muchas más por hacer. Faltan películas que piensen políticamente la guerra.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 48, ENERO DE 2017

domingo, 6 de diciembre de 2015

La absurda guerra de Pérez Reverte

Cuando Gulliver naufraga en Lilliput y con el tiempo llega más o menos a integrarse en la vida social de ese pueblo habitado por seres diminutos, se sorprende al descubrir que esas personas en apariencia inofensivas se encuentran en guerra permanente con sus iguales que viven en una isla vecina, en Blefuscu. El enfrentamiento tiene su causa en el modo en que cascan los huevos: unos deciden hacerlo por la parte gruesa, mientras que los otros lo hacen por la parte superior del huevo, más estrecha. A los ojos de Gulliver, el motivo que desencadena la guerra resulta absurdo. Como absurdas -extrapola el lector- son todas las guerras; las causas son siempre ridículas en comparación con las nefastas consecuencias de un conflicto bélico.
Sin embargo, lo que no cuenta la novela de Jonathan Swift es que seguramente si Lilliput se enfrenta a Blefuscu no es por la forma de cascar los huevos; la causa se encontraría en la necesidad de conquistar el territorio vecino y expoliar sus riquezas. Los huevos no son más que el pretexto para iniciar la guerra, el discurso ideológico -o la trampa- que toda clase dominante requiere para legitimar una guerra. Las guerras no son absurdas; al contrario, son siempre políticas.
'La Guerra Civil contada a los jóvenes', de Arturo Pérez-Reverte.
'La Guerra Civil contada a los jóvenes', de Arturo Pérez-Reverte.
'La Guerra Civil contada a los jóvenes', de Arturo Pérez-Reverte -publicada por Alfaguara e ilustrada por Fernando Vicente-, les hace a sus lectores la misma trampa que los liliputienses le hicieron a Gulliver. Despolitiza la Guerra Civil convirtiéndola en un absurdo, como si el pueblo español, en guerra constante contra sí mismo, hubiera iniciado una guerra por su vocación sempiterna de no saber convivir en paz. La Guerra Civil se describe como un absurdo, como si en vez de causas políticas –la agresión del fascismo contra un Gobierno legítimo y democrático– encontrara su motivo en la forma de cascar los huevos.

Una guerra fratricida

'La Guerra Civil contada a los jóvenes' nos habla de un absurdo -no de un conflicto histórico. Desde el prólogo mismo se encarga su autor de desplazar cualquier lectura histórica -política y social- de la guerra a favor de un relato fratricida de la misma. "Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano". No hay conflicto político, simplemente un enfrentamiento entre hermanos, supuestamente iguales.
Como decía el filósofo español -exiliado en México- Adolfo Sánchez Vázquez, "al presentar la guerra como una guerra entre hermanos, igualmente brutales o igualmente nobles, como si los agresores y los agredidos, los verdugos y las víctimas, fueran igualmente culpables o inocentes, se pretende ocultar que la sangrienta Guerra Civil le fue impuesta al pueblo español por el fascismo nacional y extranjero, y que aquel, al resistir la agresión en las condiciones más desventajosas, no hacía más que cumplir con lo que su dignidad exigía". El relato fratricida borra, pues, las verdaderas causas que determinaron el conflicto y asimismo diluye las responsabilidades de los autores de la barbarie al presentar la guerra como un enfrentamiento entre hermanos. 
Ilustración de Fernando Vicente para 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. (Alfaguara)
Ilustración de Fernando Vicente para 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. (Alfaguara)
Del mismo modo, se subraya en el libro que la guerra dio lugar a los llamados "móviles personales", esto es, que "bajo pretextos políticos se realizaron robos y solventaron venganzas personales". Estamos de nuevo ante un intento de mostrar la Guerra Civil como un conflicto despolitizado donde los hechos no sucedieron por cuestiones políticas sino que fue un escenario donde se escenificaron rencillas personales, protagonizas por personajes movidos por el odio y el rencor. Llama la atención que en un libro tan breve como este, se conceda tanta importancia a sucesos que, como señala el historiador José Luis Ledesma, "no parece que puedan explicar toda, ni siquiera una parte considerable, una violencia que solo era posible en el marco de la guerra". ¿Por qué -tendremos que preguntarnos- no se habla de las causas políticas, que fueron las que en verdad desencadenaron la guerra, y sí el libro se detiene en estos anecdóticos crímenes personales? Parece que subyace un interés por borrar la historia de esta historia. 
La Guerra Civil tuvo sin duda ese componente fratricida que enfrentó a familias, hermanos, padres e hijos, e incluso a vecinos; pero su lectura no puede reducirse a eso. No se puede negar que, en la guerra, participaron sentimientos como el odio o la venganza, y deben reconocerse como síntomas del conflicto, pero no como elementos determinantes que lo originan. Confundir las causas con las consecuencias, lo determinante y lo determinado, puede provocar un falseamiento total o parcial de la historia. Y eso sucede en 'La Guerra Civil contada a los jóvenes' de Pérez-Reverte.

Visión teleológica de la República

El libro de Arturo Pérez-Reverte reproduce una visión de la República que coincide sobremanera con la que se encargaron de edificar los historiadores revisionistas -y mucho antes, los mismos ideólogos del franquismo. La República se define en el libro de Reverte como sinónimo de caos, de inestabilidad, de conflicto constante en las calles. Todo ello para justificar “la confrontación inevitable”. Según su descripción, la República estaba condenada a desembocar en una guerra civil. La descripción de la República se hace desde su final; se ofrece en el libro una definición teleológica que borra la sustancialidad o la autonomía histórica del periodo republicano -que solo existe para explicar la guerra, reduciendo la República a mera causa o antecedente.
Cuando se hace crítica literaria -y acaso no otra cosa se debe hacer ante un libro de historia que en el fondo no hace más que ofrecer una ficción de lo que fue la Guerra Civil-, es más importante leer los silencios que las palabras escritas. En el silencio se puede observar el compromiso del texto con el poder.
En 'La Guerra Civil contada a los jóvenes', llaman la atención sus múltiples -y significantes- silencios. De la misma manera que el libro se detiene a presentar el periodo republicano como un estado de caos permanente, no dice ni una sola palabra de sus logros y reformas. Ni reforma agraria, ni voto femenino, ni reforma educativa aparecen en el libro. Ni una palabra.
Ilustración de Fernando Vicente para 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. (Alfaguara)
Ilustración de Fernando Vicente para 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. (Alfaguara)
Poner silencio sobre este asunto no solo contribuye a que el lector desconozca la verdadera historia de la República, sino que además sirve al autor para presentar la Guerra Civil como ese absurdo que se propone presentar: Reverte no muestra el golpe de Estado como una reacción de la oligarquía ante las reformas republicanas, sino como el resultado de una tensión entre "dos fuerzas enfrentadas" -quienes no se sabe muy bien por qué se enfrentan-  que, por medio de un relato equidistante que sobrevuela todo el texto, se reparten las responsabilidades entre los dos 'bandos'. Pero, hay que recordarlo una vez más, la República no era un bando, sino un Gobierno legítimo y democrático. Entre víctimas y verdugos no hay simetría.

El final feliz de la transición

La importancia que el libro concede a la República no se la concede sin embargo al franquismo. Suele ocurrir en muchos libros sobre la Guerra Civil, que incluyen en un mismo volumen República y guerra, en vez de hacer lo que sería más oportuno: Guerra Civil y franquismo -donde sí existe una relación inmediata de causa/efecto. Los efectos sobre el imaginario colectivo son evidentes: se vincula la Guerra Civil -y las connotaciones negativas que carga el conflicto- con la República y no con el franquismo. La estructura de un libro -y la distribución de sus temas-  nunca es inocente.
Reverte apenas se detiene a explicar la dictadura. Salta rápidamente de la Segunda Guerra Mundial y de la existencia del maquis a la modélica transición. El libro termina con un final feliz protagonizado por dos grandes hombres -el rey Juan Carlos y Adolfo Suárez- que con grandes gestos decidieron traer la democracia a España. "España -dice Reverte- se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos". Ni una palabra más, ni una sola referencia a las luchas y a la resistencia del pueblo español que sufrió torturas y cárceles por pretender conquistar la libertad y la democracia; ni una sola palabra a los héroes anónimos que, desde las calles y la clandestinidad, hicieron posible que la correlación de fuerzas cambiara para que el régimen no pudiera perpetuar su poder. Esos personajes anónimos son borrados de la historia para convertir en héroe al monarca que heredó del dictador la jefatura del Estado y que juró fidelidad a los principios del Movimiento. 

La desconfianza hacia los jóvenes

Ilustración de Fernando Vicente para 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. (Alfaguara)
Ilustración de Fernando Vicente para 'La Guerra Civil contada a los jóvenes'. (Alfaguara)
El libro de Reverte sobre la guerra civil está dirigido -lo dice el subtítulo- a los jóvenes. Parece que Reverte anda, de un tiempo a esta parte, preocupado por la adquisición de conocimiento de los jóvenes. Sin embargo, más bien parece que lo que pretende es limitar su conocimiento. Hace un año presentó a los jóvenes una edición recortada de 'El Quijote' (que analizamos aquí). Inquieta la visión que pueda tener Pérez-Reverte de los jóvenes. A juzgar por el estilo de su texto, pareciera que cree que son limitados, incapaces de leer textos complejos, con una extensión mayor que los 600 caracteres que, más o menos, ocupa cada uno de los 30 capítulos del libro. Se intuye, en esta obra, a un autor que desconfía de la inteligencia de sus lectores. Y, cuando eso ocurre, el peor beneficiado es siempre el libro. 
Por otro lado, el libro no cumple su función didáctica. El libro habla de grandes acontecimientos que tuvieron lugar en el transcurso de la guerra -desde el caso Unamuno, hasta Guernica, pasando por algunas de las batallas clave, como la de Brunete o la del Ebro-, pero nunca se indican las fechas. El lector tiene que acudir a los anexos del libro y consultar la cronología para poder ubicar en el tiempo histórico lo que está leyendo.
La historia desaparece de este ensayo histórico. Pero no es un descuido. Forma parte del proyecto de deshistorizar la Guerra Civil. Al borrar las huellas históricas -las causas políticas y sociales que determinaron la existencia de la guerra-, el lector saca la conclusión de que los españoles se mataron por una causa absurda y ridícula como es la de cascar un huevo por su parte ancha o estrecha. Pero la Guerra Civil no fue eso, sino un golpe de Estado fascista que reacciona contra las reformas -esas que no aparecen- que puso en marcha un Gobierno legítimo durante la República. Arturo Pérez-Reverte nos ha hecho trampa como le hicieron a Gulliver: nos oculta el verdadero móvil que hay detrás de una guerra. Puede parecer que una guerra es absurda y que no es posible encontrar explicación a la misma; pero sí es posible encontrarla, simplemente hay que tener voluntad de querer hacerlo. En la historia, no en los huevos.  

Revisionismo histórico para una alucinada Tercera Guerra Mundial

Revisionismo histórico para una alucinada Tercera Guerra Mundial

La editorial Alianza ha reeditado el clásico ensayo del historiador británico Burnett Bolloten titulado La Guerra Civil española: Revolución y contrarrevolución. Publicado originalmente en la simbólica fecha de 1989, el libro de Bolloten, un extenso estudio de más de mil páginas, podría considerarse como el inaugurador de una escuela que hemos convenido en denominar “revisionismo histórico”.
La obra de Bolloten, voluntaria o involuntariamente, sirvió para armar de argumentos –según Herbert R. Southworth, el autor del imprescindible ensayo El mito de la cruzada de Franco– a una corriente historiográfica que se encargó de edificar un relato en el que Franco aparecía no como un fascista sino como un cruzado que luchaba contra el verdadero enemigo de la civilización occidental: el comunismo. Como ha señalado Paul Preston, “la erudición de Bolloten era incuestionable pero Southworth estaba perplejo por su tono ferozmente anticomunista y antiNegrín que le hacía infravalorar el papel de Hitler y Mussolini en la victoria de Franco, y manifestar una simpatía con los anarquistas que solamente se puede explicar como un arma para ennegrecer más el papel de los comunistas”.
Franco y sus ideólogos legitimaron el golpe de Estado de 1936 y la dictadura posterior por medio de la construcción de dos mitos: 1) la inestabilidad y el caos permanente de la República que precisaba de un correctivo, como pudiera ser un golpe de Estado, y 2) la necesidad de salvar a España de una potencial revolución comunista auspiciada por la Unión Soviética.
Ni una cosa ni la otra eran ciertas: ni el clima político y social en el periodo republicano era tan alarmante como querían hacer creer los ideólogos del franquismo, ni en España había una revolución en marcha. Sucede, como sostiene Fernando Hernández Sánchez en su Guerra o Revolución: el Partido Comunista de España en la guerra civil (Crítica, 2010), que Bolloten emplea “la técnica de la imagen congelada [que] consiste en fijar una impresión en la retina de sus lectores y dejarla ahí como categoría inamovible a pesar de la cambiante evolución de las circunstancias”. Una fotografía de una iglesia en llamas, por ejemplo, sirvió para extender la idea de que en la República se quemaban templos a diario. Por otro lado, y como recuerda también Hernández Sánchez, la matriz historiográfica bolloteniana construyó la imagen del PCE en la Guerra Civil como “un ciego ejecutor de las órdenes de Moscú, que pretendió implantar una democracia popular mediante la imposición de una hegemonía que solo podía conseguir a costa de la laminación de sus competidores a derecha e izquierda: los socialistas y los anarquistas”. Bien parece que Franco salvó a España del caos y de una revolución cuyo objetivo parecía entregarle la soberanía a los rusos.
El revisionismo histórico no es más que un lamento ante la ocasión perdida de derrotar al comunismo. Por esta razón empieza a poner en valor la llamada política de apaciguamiento, que en cierto momento se plantearon las democracias burguesas –con los conservadores en el poder–, que tenía el propósito de establecer una alianza con los fascismos europeos para hacer frente común contra el comunismo. Al considerar al fascismo como el verdadero enemigo, las democracias burguesas perdieron la oportunidad histórica de aniquilar, con cuarenta años de antelación, al comunismo.
Decían los ideólogos del franquismo, una vez que el nazi-fascismo europeo salió derrotado del conflicto bélico, que España, con la División Azul en el frente soviético, no combatía en la Segunda Guerra Mundial, sino en la Tercera, aduciendo con ello que Franco participó en la contienda no contra las potencias aliadas sino contra el comunismo ruso, como una batalla más de su cruzada emprendida. Franco se mostró como un pionero de la Guerra Fría. Y aunque la Tercera Guerra Mundial, que se sirvió en frío, encontró su fin entre 1989 y 1991, con la descomposición del campo socialista, lo cierto es que todavía hoy existe esa batalla. El revisionismo histórico es el armamento con el que acude el capitalismo a una batalla ideológica que se da en una alucinada Tercera Guerra Mundial contra el comunismo.
En España, por ejemplo, además de los conocidos revisionistas mediáticos, desde Pío Moa o César Vidal, se publican novelas que reproducen el mito de la cruzada de Franco y que señalan como el verdadero enemigo a batir a los comunistas. En estos textos los fascistas apenas aparecen y la responsabilidad de la guerra se atribuye casi en exclusiva a los comunistas. Son novelas que, como el revisionismo histórico, participan en una Tercera Guerra Mundial semántica en la que se trata de desacreditar y deslegitimar el relevante papel representado por los comunistas –nacionales e internacionales– en la Guerra Civil. Porque hay que apuntar que sin la intervención soviética en apoyo a la República –véase La soledad de la República, de Ángel Viñas (Crítica, 2006)– la resistencia frente al fascismo hubiera sido a todas luces insuficiente, sin la cual hubiera sido inviable superar la asimetría estructural a favor de los sublevados; y si bien no se pudo lograr la victoria republicana, al menos sí dejó mermadas las capacidades del Ejército de Franco, impidiéndole representar un papel protagonista en la Segunda Guerra Mundial, cuyo destino posiblemente hubiera sido muy distinto con otra fuerza beligerante en juego.
Sin embargo, el revisionismo no es un fenómeno exclusivamente español. Como recuerda el ensayo de Chris Bambery Historia marxista de la Segunda Guerra Mundial (Pasado & Presente, 2015), el revisionismo afecta, en la actualidad, a todos los países que participaron en la contienda. Desde la década de los noventa, una nueva generación de historiadores británicos, como John Charmley o Maurice Cowling, justifican la política de apaciguamiento de Chamberlain, aduciendo que la Unión Soviética representaba una amenaza tan siniestra como la Alemania nazi. En Italia también existe un movimiento revisionista similar; uno de sus representantes, Renzo de Felice, biógrafo de Mussolini, considera que la destitución del dictador y la firma del armisticio con los Aliados no puede sino definirse como “catástrofe nacional”. En Alemania, a finales de los ochenta, surgió una corriente revisionista que sostiene que los Aliados cometieron crímenes iguales o peores que las Waffen SS y que el nazismo constituía la salvaguardia de la civilización europea ante la amenaza bolchevique; autores como Ernst Nolte, cuyos textos tratan de disculpar al Tercer Reich, afirman que el Holocausto constituía una reacción preventiva ante la URSS.
El revisionismo participa en una batalla ideológica en la que el botín es la construcción del relato histórico. Aunque el enemigo socialista haya desaparecido aparentemente del mapa, tras la descomposición de la Unión Soviética, bien parece que el capitalismo necesita fijar una visión de la Historia en la que el comunismo deje de figurar como protagonista de la derrota del nazismo. El comunismo tiene que encarnar el mal. Es preciso, aunque parezca bien muerto, rematar al enemigo, también hermenéuticamente. El revisionismo histórico se pone al servicio de una nueva cruzada. La Tercera Guerra Mundial alucinada por Franco no ha concluido del todo.

David Becerra Mayor // La Marea, nº 32 (noviembre, 2015), págs. 22-23 . Fuente: http://www.lamarea.com/2015/11/20/revisionismo-historico-una-alucinada-tercera-guerra-mundial/

jueves, 3 de septiembre de 2015

"No passaran!" d'Upton Sinclair

Properament Tigre de Paper Edicions publicarà "No passaran!", la novel.la d'Upton Sinclair sobre la Guerra Civil espanyola. Aquesta edició ofereix la traducció catalana que realitzà Carme Montoriol Puig, publicada l’any 1937 pel Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya. A més a més, aquesta edició s'acompanya d'un petit pròleg que vaig escriure.

 


Més información:
http://www.tigredepaper.cat/wordpress/3082-2/

viernes, 6 de febrero de 2015

La Guerra Civil como moda literaria

A la venta el 23 de febrero
Publica: Clave Intelectual 

En las últimas décadas hemos asistido a una proliferación tan considerable de novelas sobre la Guerra Civil española que, sin duda, podemos calificar este fenómeno de una suerte de moda literaria. Ante este hecho, David Becerra se pregunta: ¿a qué se debe esta proliferación de títulos que parecen cuestionar el pacto de silencio y olvido de la Transición? Pero, ¿verdaderamente lo cuestionan?, ¿son novelas que reivindican la memoria histórica o, al contrario, solamente utilizan la Guerra Civil como telón de fondo? ¿Cómo nos están contando la Guerra Civil las novelas que se escriben en la actualidad? La respuesta es este libro.

Isaac Rosa, quien ha escrito el prólogo, señala que «lo valioso de este libro es que David Becerra no se ha quedado en la exclamación satírica, ni en el chascarrillo de mesa redonda, ni siquiera en el artículo académico. Tras años lamentándonos de “la guerra civil como moda literaria”, por fin tenemos un estudio riguroso que desarrolla esa idea común, y la fundamenta. Intuíamos que la Guerra Civil se había convertido en efecto en una moda, en un lugar común de editores y novelistas, en un subgénero inofensivo; y ahora llega Becerra para demostrarlo, a partir de una lectura crítica de las obras más representativas [...]. La Guerra civil como moda literaria propone un estudio riguroso de novelas que se limitan a usar la Guerra Civil como telón de fondo, escenario histórico atractivo y familiar para el lector español. Novelas que consciente o inconscientemente reproducen la versión franquista de la guerra civil –no la versión gruesa del primer franquismo, obviamente, sino la reelaboración más sofisticada que en los últimos años de la dictadura se hizo y que dio por buena la Transición-. Novelas que despolitizan y desideologizan una guerra tan politizada e ideologizada como aquella. Novelas históricas deshistorizadas –según los mandatos de una posmodernidad capitalista que Becerra sacude con dureza-. Novelas que nos mueven a la reconciliación y delimitan una memoria a corto alcance, sin reparación ni justicia».  

Índice:



Prólogo, Isaac Rosa ......................................................... 9

Primera parte: El boom de la memoria ......................... 17

I. Introducción ................................................................. 19
II. La vuelta al pasado: un fenómeno
posmoderno ..................................................................... 40
III. La Guerra Civil o una forma de mirar
hacia otro lado ................................................................. 60
 
Segunda parte: El mIto de la cruzada en la
narrativa española actual ................................................. 73

I. La República, régimen de terror ................................. 75
II. La Guerra Civil y la ecuación República/URSS ....... 131
III. El terror rojo .............................................................. 166

Tercera parte: La liquidadción
de la historicidad.............................................................. 201
I. La teoría de la equidistancia ....................................... 203
II. El aideologismoen sus múltiples formas ................. 230
III. El descrédito hacia los paradigmas
objetivistas ....................................................................... 275
IV. ¿Novelas de la memoria histórica? .......................... 303
V. La parodia del género ................................................. 346

Coda: Entre la memorIa y la nostalgIa
(una crítica revolucionaria) ............................................ 366

Anexo: El corpus narrativo ............................................. 380
Bibliografía....................................................................... 429
Agradecimientos............................................................... 454


 


viernes, 19 de diciembre de 2014

Los crímenes del franquismo de Crónica Popular

Vídeo Presentación "Los crímenes del franquismo" de Crónica Popular
Ayer estuvimos presentando, en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla de la Universidad Complutense de Madrid, el suplemento de Crónica Popular, "Los crímenes del franquismo". Participaron Jaime Ruiz Reig, MªRosa de Madariaga, Mirta Núñez, Nicolás Sánchez-Albornoz y un servidor.

Un acto para recuperar la memoria histórica y literaria. 


martes, 4 de febrero de 2014

Ecuador y la Guerra Civil española

En la página "Audiovisual" he añadido mi crítica sobre el libro Ecuador y la Guerra Civil española. La voz de los intelectuales de Niall Binns (Calambur, 2013), emitida en el programa Con Cierto Sentido de Ramiro Díez, de Radio Sucesos de Quito, el 3 de febrero de 2014.